Transición

Mala palabra. Eso es transición. No me gusta. No la siento. Me denota a algo que no pertenece a la esencia de River. Pero es lo que hay. Este River es menos que el del semestre anterior. La mayoría tiene esa sensación y por algo es. Y hay que decirlo ahora, antes de que arranque la historia. Porque después es fácil.

Comparando lo que había y lo que hay, la defensa es igual; el mediocampo es mucho menos y la delantera tiene menos también. Sánchez es menos que Carbonero, Ponzio que Ledesma, Pisculichi que Lanzini y Rojas pierde mucho de su juego sin Ledesma al lado; y arriba la ausencia de Cavenaghi ahora se siente y mucho porque Mora no es goleador y Teo es siempre una incógnita en cuanto a sus humores por más que está clara su calidad. En ese contexto lo que hace River es vivir una transición en un torneo que lleva tácitamente ese nombre y entonces nos acomodamos. Pero no gusta.

La marca registrada de River en el torneo pasado que lo vio campeón fue el control de pelota. El ser prolijo. Priorizar el buen trato. No tirar pelotazos y ser más inteligentes que vertiginosos. Todo cambió ahora. O al menos en este partido, claro, aunque ya ayer se vio la esencia. Ahora no habrá control de pelota. Será todo a puro vértigo. Más pelotazos y menos construcción de juego. Así es lo que se ve después de dos partidos (el de Ferro de la Copa Argentina y el de Gimnasia). Veremos. Pero eso es lo que se ve ya. A simple vista.

La dirigencia de River eligió este camino austero después de recibir un club hecho pedazos desde lo económico y desde lo financiero y con la ayuda del campeonato que se llevaron casi por delante en el semestre pasado. No lo comparto ni un poco. Pero termino entendiendo que es el escenario ideal para elegir este camino bien odioso. Ramón Díaz había sido claro: “En River no existe la transición”. Y ante la diferencia de puntos de vista, adiós. Guste o no, se lo vio venir. Y no se quedó bancando la parada. Yo estuve en desacuerdo con él. Hoy le entiendo un poco más. En el medio apareció Marcelo Gallardo que vio la chance inmejorable de ser el DT de River y ni lo pensó, agarró. ¿Cómo no hacerlo? Y en eso andamos. Acomodando todo. En transición. Y rezando para que el libro de pases en Europa cierre hoy, y no el 30 de agosto.