Campeón, carajo

(INCLUYE GALERÍA DE IMÁGENES) Luego de seis años, River se consagró con una actuación digna de su historia. Le ganó 5-0 a Quilmes (Cavenaghi x 2, Mercado, un golazo de Ledesma y Teo Gutiérrez) y dio la vuelta 35° en 83 años de profesionalismo. Los merecimientos de un equipo que se repuso de los golpes y se impuso con autoridad.

IMG_3205“Y el domingo vamo’ a ver a River, porque este año de acá de Núñez, salió el nuevo campeón…”

Como en las grandes tardes, como en las grandes noches. Hay un grito unánime y que emociona. Que sí, que pone la piel de gallina River y la palabra que mejor lo identifica: CAMPEÓN. Quizás no sea un equipo con mayúsculas este de Ramón Díaz, posiblemente pueda jugar mejor. Pero en un torneo irregular, en el cual no hubo grandes ventajas, el logro de River no admite discusión. Ninguna.

Se repuso de los golpes (Godoy Cruz, Colón, cuando el DT quedó tecleando, All Boys, la injusta caída con Belgrano), pero sacó el pecho, fue el más sólido y, de yapa, ganó en la Bombonera. Ese día se recibió de candidato. Y supo soportar la chapa.

El Pelado cambió a tiempo. Cuando una derrota más, tras aquella de Santa Fe, lo podía dejar en la calle, tocó el esquema, los nombres. Empezó a creer y crecer desde ese cerebral Lobo Ledesma, los demás se contagiaron. El que más y mejor lo hizo fue Carbonero, pero Lanzini, Teo y Cavenaghi, los tres de arriba, aportaron lo suyo.

Rojas fue una rueda de auxilio impresionante. Vangioni entendió que debía ir menos al ataque, pero mejor. Mercado levantó tanto que hasta tiene chances de ir al Mundial. Maidana fue el líder del fondo, Balanta acompañó con su jerarquía y Funes Mori no se puso colorado cuando tuvo que ir de 6 (la otra parte del mellizo usted ya la sabe). Barovero fue solvente y Chichizola entró y anduvo tan bien que a Ramón le dolió sacarlo.

Hizo una verdadera fortaleza su cancha, donde sacó 27 de los 37 puntos conseguidos. Sólo cayó con los mendocinos, luego puso en filas a todos los que pasaron por el Monumental. Como a Quilmes, que prometió poner un micro delante de su arquero y hasta su presidente se animó a aceptar lo que está prohibido en el fútbol argentino: la incentivación.

Ni por diez palos verdes el cuadro de Caruso podía arruinar la fiesta. No había manera, porque River decidió a comérselo crudo al Cervecero. A los 10 minutos ya ganaba por un centro de Vangioni que encontró a Carbonero metiendo un cabezazo y el rebote largo de Benítez halló a Cavenaghi, que olió sangre y tuvo el olfato goleador.

River no se quedó. Sabía que Gimnasia perdía y que Estudiantes ganaba, pero fue por más y encontró el segundo grito por una aparición oportuna de Mercado tras un corner. Ahí ya se había terminado el campeonato. Y aún quedaban 65 minutos por jugarse.

La superioridad fue tremenda, como quizás nunca se había dado en 18 fechas. Si hasta Trucco obvió un penal por un topetazo a Carbonero. La vio afuera el árbitro.

Con las ventanillas del omnibus totalmente rotas, Quilmes ya no fue rival. River se floreó. Ledesma se cansó de pisarla y encima metió un golazo. Lanzini de gambetear. Teo gozó con el suyo. Cavenaghi obligó y clavó otro. Los demás corrieron a fondo. 5-0. A lo River, con fútbol y milonga.

Y fue fiesta. Merecida fiesta. Desahogo esperado tras seis años de angustia y una mancha en el medio. River campeón, carajo.

Imágenes: Nicolás Aboaf