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Después del empate en Bahía Blanca, Hernán Castillo analiza el panorama de cara a las últimas tres fechas y dice: “Hay que ganar todo”.

FEstejo CArbonero Olimpo

Es simple. Ya no hay espacios para más cuentas. River tiene que ganar los 9 puntos que quedan. No hay excusas para otra cosa. ¿Puede ganar los 3 partidos que faltan? Sí. Cambiando poquito sí. Sin utilizar casi a los suplentes excepto que estos sean Kranevitter o Ledesma según cuál de los dos jueguen sí. Necesita que los titulares, y él de los dos que quede afuera, estén los 90 minutos. Porque necesita lo mejor que tiene.

Este River no tiene variantes. No tiene suplentes. O sí. Los suplentes son suplentes. Y se nota. Ya lo conté la semana pasada y vuelvo a caer en eso porque simplemente se demuestra fin de semana tras fin de semana. Porque no estuvo Teo y River estuvo rengo arriba. Porque no estuvo Balanta y Funes Mori cumplió y nada más, no dio el salto que el colombiano suele dar. Y porque arriba no hay nada. Cavenaghi está muy flojo, pero Simeone entra y es la nada; y el Keko, al menos en esa cancha embarrada y sin espacios, no tenía en la previa demasiado crédito.

Si Gimnasia gana los 3 partidos que quedan, llegará a 9 partidos seguidos con triunfos. Para mí eso es muy difícil de lograr en el fútbol argentino. Si lo logra, será un buen campeón y habrá poco para discutir. Pero yo creo que River sigue dependiendo de sí mismo si gana los 9 puntos que quedan. A Racing y Quilmes de local y al descendido Argentinos en La Paternal.

No jugó bien River ante Olimpo. Cayó en la red que los bahienses quisieron durante 30 minutos más o menos. Los últimos 15 del primer tiempo, y los primeros 15 del complemento. A puro pelotazo y saltándose el mediocampo, complicaron. Sin llegar, pero molestando. Con Maidana como figura pero con Chichizola tapando una sola pelota clave cuando el partido estaba 1 a 0 arriba. El tema es que tampoco creó tantas. Tuvo un par y nada más. Y ahí está la mayor crítica en un partido en el que cuando ingresó Kranevitter se empezó a emparejar y a volcar para el lado de River aunque sin demasiadas situaciones de gol. Y River sabía que tenía que ganar. Esa es la mayor deuda después de una noche en bahía blanca en que nadie habló de “puntito inteligente” y se vieron caras largas por un empate. Memoria corta de varios, me dijo un amigo que se llama Franco… Hace menos de 3 años la mala cara era por una derrota que te llevaba a la B.