Con autoridad

River jugó un gran primer tiempo y le sobró para quedarse con el segundo Superclásico del año. Fue 2 a 0, con goles de Lanzini y Menseguez.

riverCon autoridad. De a ratos jugando a lo River, con toques, precisión y contundencia. 45 minutos le sobraron al equipo de Ramón Díaz para llevarse el segundo clásico del año. En Córdoba hubo festejo millonario.

¿Por qué ganó River? Porque así lo intentó de entrada, con una presión alta, con mucha movilidad. Con un sistema nuevo (el 3-4-3) que sorprendió a Boca, al punto de no tener claras algunas referencias impuestas por el riojano.

Lanzini, uno de los puntos más altos, arrancó como puntero izquierdo, aunque tendía a tirarse hacia adentro. Lo mismo hacía Menseguez desde el otro costado. Teo Gutiérrez provocaba lo suyo moviéndose entre los volantes medios y los centrales de Bianchi. Vangioni se paraba decididamente como volante. Kranevitter y Balanta aportaban un plus con su presencia. Ponzio era el de 2012, con anticipo y juego. Y Barovero daba la cara cuando el partido se lo pedía.

A los 6 minutos, River ya estaba arriba. Lanzini definió con mucha tranquilidad tras un muy buen desborde y un pase preciso de Teo. Todo había nacido de un lateral. Rápido estuvo Carbonero, mal parado estuvo Boca. Igualmente, River en el origen de la jugada hizo dos laterales, uno en su cancha y otro en la del rival. Esa leve ventaja no fue observada por Abal (pensar que iba a ir al Mundial…) ni por sus asistentes.

Con el correr de los minutos, a River comenzó a faltarle serenidad y entró en una meseta de diez minutos, sobre todo cuando Boca preocupó un poco en la zona que defendían Mercado y Carbonero, porque el juvenil Luciano Acosta intentaba desbordar en compañía de Sánchez Miño.Pero fue un espejismo.

Con Teo moviéndose de adentro hacia afuera para estirar a la defensa de Boca, los espacios comenzaron a aparecer solos. Lanzini armó una apilada y le perdonó la vida a Trípodi. Al toque, Teo metió un zurdazo, el arquero la manoteó y pegó en el palo. El segundo estaba al caer.

Y cayó como un Rayo. Porque River la tocó mucho, la trajo por derecha, la agarró Lanzini y la puso en el pie de Menseguez, que la tocó ante la pasividad del fondo Xeneize. Golazo. 2 a 0.

En la segunda parte, River se retrasó 10 metros más atrás y perdió la salida limpia. Boca levantó con Gago y tuvo sus chances. Ahí fue cuando surgió la figura de Barovero, primero para sacarle un cabezazo a Gigliotti y luego para descolgarle un frentazo a Forlín.

Innecesariamente, River se metió atrás. Quizás por el esfuerzo físico y la pretemporada, optó por esa postura durante un buen rato. Cuando se decidió a atacar, pudo golear. Armó grandes jugadas a puro toque y no gritó más por la impericia de sus hombres y las buenas respuestas del desprotegido Trípodi, expuesto al suicidio de Boca por marcar en línea. Así, Ponzio, el Keko Villalva y Teo Gutiérrez pudieron estirar el resultado.

Fue 2 a 0. Con contundencia, River gozó en Córdoba.