Volvió el Enzo

Francescoli asumió formalmente como responsable de la secretaría técnica junto a Leonel Gancedo. “Es un gusto sentirme parte de este proyecto”, dijo el uruguayo.

IMG_5182Volvió. ¿O nunca se fue?

Hace calor en Buenos Aires, pero hay mucha gente en el museo del club, allí donde Rodolfo D’Onofrio prometió que iba a hacer firmar los grandes contratos de River. El presidente está junto a su amigo, al que conoció jugando al golf hace seis años y lo convenció de manejar el fútbol del club. En 2009 no pudieron comenzar con el proyecto. Pero ahora lo presenta -aunque quizás no haga falta- a Enzo Francescoli como nuevo secretario técnico. Aunque al Enzo no haya que mostrarle mucho.

Son las 12.43 cuando se realiza el anuncio formal, aunque el Príncipe ya viene trabajando desde que D’Onofrio se proclamó como dueño del sillón de Figueroa Alcorta 7597. “Es un gusto sentirme parte de este proyecto. Acá no hay una persona mágica, todos juntos tenemos que trabajar para volver a las raíces”, dice el uruguayo.

¿Qué es conocer River? ¿O acaso no representó mejor que nadie lo que es vestirse con la banda roja cruzándole el pecho? ¿O acaso no fue la bandera del equipo que ganó todo en los 90? El tema es que Francescoli no juega más, ya no se pone la 9, no se ajusta la cinta de capitán ni se calza los botines lustrados para ajusticiar a los arqueros rivales. Ahora viste saco y pantalón gris y camisa blanca. Ah, y pulserita roja y blanca atada a la muñeca izquierda. A los 52 años mantiene la fina estampa, aunque decide desde afuera.

Cerca del flamante secretario técnico está Leonel Gancedo. El Pipa. De look más informal, mantiene las mechas rubias, pero tampoco es aquel volante talentoso que podía jugar en cualquier sector del mediocampo. Su ojo estará cerca de las divisiones inferiores. Lo del uruguayo será más de primera, con un nexo entre los dirigentes y el cuerpo técnico.

El próximo viernes, cuando River vuelva al trabajo, Francescoli se verá con Ramón Díaz. Considera que los rencores de antaño quedaron lejos. Que hoy el club los necesita enfocados en el objetivo de levantar al gigante. “La gente no puede estar preocupada por algún resquemor del pasado, pero nuestra época coincidió con una de las mejores en la historia”, recalca.

A un costado del atril donde el oriental aporta sus primeros conceptos de manera oficial, está la estatua que hasta poco permanecía abandonada en un rincón del instituto. Ahora ya brilla en el museo. También está el Príncipe de carne y hueso.

Ya no juega, pero volvió. Que de la mano, del uruguayo…

Imagen: Nicolás Aboaf