Se acostumbró a perder

(INCLUYE GALERÍA DE IMÁGENES) Un River híbrido perdió 1-0 con Racing y hace 10 partidos que no conoce la victoria. Es alarmante el presente, preocupa el futuro. 

_MG_9393River necesitaba ganar tras una semana en la que Ramón Díaz tuvo que poner su millonario contrato a consideración de la próxima gestión para bajarle la espuma a la polémica. Porque mientras el equipo cierra un año regular, la política se calienta más que nunca y el DT, en ese contexto, es un actor central. Pero River perdió otra vez. Sin atenuantes. Como si ya fuera una costumbre. Ahora el verdugo fue Racing, que no había ganado un partido y ni siquiera había metido un gol de local en todo el torneo.

¿Cómo saldrá River de la mala cuando mucha renovación no podrá hacer el año que viene? ¿El mensaje de Ramón no llega? ¿Los jugadores están comprometidos? ¿Dónde está el orgullo, el fuego sagrado, ese plus que debe aparecer cuando el juego brilla por su ausencia? Los interrogantes están presentes y lo que viene es un enorme signo de pregunta.

Díaz probó con un nuevo sistema táctico. “A lo Bayern Munich”, vociferaron desde el vestuario. Teo Gutiérrez jugó más atrás, de conector, como Falcao en el equipo campeón de Simeone. El colombiano tuvo las chances más claras. Casualmente, el hijo del Cholo, Giovanni, era la referencia de área, aunque más bien fue el llanero solitario. Carbonero y Lanzini se pararon por afuera, aunque poco pudieron hacer. A este River no lo salva ni Guardiola.

Media hora tardó en patear al arco de Saja, con un tiro mordido de Simeone que controló Saja, quien al rato respondió sobriamente ante un zurdado de Gutiérrez. Racing, a esa altura, ya había justificado el resultado porque Zuculini cabeceó solo delante de las narices de Barovero y ante la pasividad de la defensa.

En el segundo tiempo, la Academia apostó a la contra. Tuvo dos chances, pero Viola y Hauche se lo perdieron. River sólo recurrió a algún centro de Vangioni para que la toque un compañero. Un envío cayó en los pies de Teo, pero la rechazó como si fuera defensor. Mientras, Pezzella habilitaba de cabeza como si fuera un delantero y no terminó en gol de Racing de milagro. Todo al revés.

Ramón tiró a la cancha a Menseguez y Andrada, pero River seguía desbordado. Tanto, que toda su línea de cuatro defensores fue amonestada y en el final lo echaron a Alvarez Balanta. Entró Aguirre, pero más allá de algún pase punzante, River tenía menos profundidad que una pileta Pelopincho. Lo pudo empatar con una hermosa volea de Gutiérrez que se fue arriba. Aunque fue un espejismo. Este equipo que se viste con una banda roja está en caída libre.

Peligrosamente, River y la derrota hace tiempo que van de la mano. Hace 10 partidos que no gana. Lejos quedó aquel 1-0 con Lanús, el 29 de septiembre, cuando aún tenía vida en el torneo y jugaba la Sudamericana. Está 17° en el Inicial y 18° en la tabla de goles a favor. Hoy el equipo es un alma en pena, desganado, híbrido. El presente es alarmante, el futuro preocupa.

Imágenes: Nicolás Aboaf