Afuera

(INCLUYE GALERÍA DE IMÁGENES) Un River anárquico perdió 3-1 ante Lanús y quedó eliminado de la Sudamericana. Faltó juego y carácter, una constante de este equipo de Ramón que ahora depende de una mano de terceros para jugar la Libertadores 2014.

IMG_8263Se fue el año, que es lo que se jugaba River ante Lanús. Necesitaba carácter y juego. Pero por Núñez no apareció nada. El Granate se metió en la semifinal de la Sudamericana más fácil de lo pensado. River se quedó afuera de la Copa. Y ahora dependerá de Newell´s o Arsenal (uno de los dos debe ganar el campeonato) para clasificar a la Libertadores 2014. Al equipo de Ramón le quedó grande el desafío. Y fue eliminado sin atenuantes.

El riojano salió a matar o morir con los suyos. Por eso apostó por Fabbro, Menseguez, el Malevo Ferreyra. Pero a los 6 minutos recibió un baldazo de agua fría. Un tiro defecutoso de Somoza que desvió con el taco Diego González terminó en la red. Todo había comenzado en una mala cobertura defensiva, con Bottinelli y Vangioni saliendo tarde y habilitando a Silva, quien cedió para Somoza en la maniobra previa al gol.

El equipo de Ramón acusó el golpe, quedó groggy, mareado. Le sobraba fervor en el medio, pero poca claridad en la zona de fuego, abusando demasiado de los pelotazos frontales. Además, el Granate le tapaba todas las vías de ataque. Barros Schelotto, a diferencia de la ida, metió tres delanteros, con Melano tirado a la derecha para obstruir las subidas de Vangioni. Pero además Somoza estaba encima de Fabbro, Acosta iba con Mercado y Ortíz con Kranevitter, el más destacado en un actuación mediocre. En un momento caliente, el mejor era el pibe, el de menos experiencia.

Cuando los del Sur se replegaban, sus delanteros bajaban hasta la mitad de la cancha y dejaban libre a Ponzio, impreciso en la mayoría de sus entregas. En ese contexto, Teo Gutiérrez quedaba aislado. A diferencia de la mayoría de sus partidos, el colombiano se movía entre los centrales. Sin tener contacto con el balón, perdía peso. Y, además, sus compañeros no colaboraban para habilitarlo.

River era un caos. Y Lanús lo aprovechó. Melano armó un jugadón por la derecha, metió un centro razante, Acosta la dejó pasar, quedó en el camino hasta Barovero y Silva empujó al gol. 0-2. Ni siquiera la suerte ayudaba, porque un exquisito tiro libre de Fabbro dio en el palo.

¿Cómo confiar para darlo vuelta con un equipo que otorgaba pocas garantías? De movida, Ramón metió tres cambios en el vestuario: afuera Bottinelli, Ponzio y Vangioni, adentro Maidana, Carbonero y Lanzini. Los dos primeros habían hecho todos los méritos para salir, pero el ex Newell´s, aún cuando no está en su mejor versión, siempre es una llave para abrir defensas. Con las modificaciones, River quedó parado con tres defensores, otra línea de tres mediocampistas, dos enganches y dos delanteros.

Con vértigo, avanzó, pero no atacó bien. Un par de remates de Fabbro, el mejor luego de Kranevitter, sacudieron la modorra. Pero Lanús seguía plantado y si un jugador se tenía que tirar al piso para demorar el tiempo, no se le caían los anillos. El plan de Guillermo, para desgracia de River, seguía funcionando. Luego, por si hacía falta, metió a Ayala por Melano. 4-4-2 y a bancar, aunque a la Banda no se le caía una idea. De yapa, el ingresado clavó el 3 a 0 tras una gran contra armada por Acosta.

Y así se fueron consumiendo los minutos, sin mayores respuestas que los nervios y la desilusión de la multitud que llenó el Monumental. El gol de Teo sólo sirvió para decorar el resultado. Chau Copa. A River, el más grande, le quedó enorme la responsabilidad de ganarle a Lanús.

Imagen: Nicolás Aboaf