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(INCLUYE GALERÍA DE IMÁGENES) River hizo pesar el gol de Maidana en la ida y, tras el 0-0 en el Monumental, dejó en el camino a San Lorenzo. El equipo de Ramón volvió a mostrar deficiencias en su nivel y sostuvo la ventaja por la gran actuación de Barovero. En octavos de final espera la Liga de Loja de Ecuador.

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¿Listo? ¿Te bajaron de la garganta? Que manera de sufrir, de parir la clasificación a los octavos de final de la Sudamericana. Posiblemente, River haya sido menos que San Lorenzo en los 180 minutos que duró esta serie, pero aquel gol de Jonatan Maidana en la ida le sirvió para esperar a Liga de Loja.

Fue un sufrimiento, una tensión permanente para River dejar en el camino a los de Pizzi. El equipo comenzó voraz, presionando, como queriéndose comer a un rival que venía de superarlo por el torneo local. Pero esa presión no se tradujo en claridad. River le imprimía ritmo a la salida del Ciclón, pero se le nublaba todo en la zona de gestación. Porque Ponzio tenía más protagonismo que Ledesma, el más claro para comenzar la jugada, Lanzini era devorado por los volantes Santos y Mora jugaba de espaldas al arco

De a poco, San Lorenzo se fue soltando y empezó a llegar. Además, los jugadores de River no paraban de resbalarse debido a una cancha húmeda que fue regada antes del partido. ¿De quién fue esa idea que limitó las posibilidades de los futbolistas millonarios?

Lo dicho: el Ciclón empezó a llegar con peligro y Barovero ha transformarse en la figura, algo que se está haciendo costumbre. El arquero le sacó dos remates de gol a Piatti y Verón. La intensidad pedida por Ramón ya no hacía efecto. River era diez hombres corriendo detrás de la pelota y sin saber qué hacer con ella cuando la tenían. La perdía rápidamente y San Lorenzo ya era dominador.

El plan de Ramón (Maidana de 4, Ponzio al medio, Lanzini flotando, Mora como hombre más adelantado) no tenía concepto. Sin Teo y Fabbro, una llave pasó a ser utilizar los costados con Carbonero por derecha y Vangioni por izquierda. Pero no tuvieron demasiada profundidad.

De movida, en el segundo tiempo, un resbalón de Pezzella (se insiste, ¿quién mandó a regar la cancha?) terminó con una falta en una posición inmejorable. Bomba Navarro, el Beckham argentino, reventó el travesaño, la pelota le dio a Barovero y de casualidad no fue gol.

River no estaba groggy, pero casi. Ramón sacó a Mora y metió a Andrada. El uruguayo, que da ventajas por no haber hecho pretemporada, no resolvió bien ninguna situación con el balón. Y en esto no hay responsabilidades físicas. El pibe hizo más en la media hora que estuvo en la cancha.

Lógicamente, con el correr de los minutos entró esa sensación que los especialistas la denominan como miedo escénico. River tuvo alguna chance de contragolpe con Andrada, Carbonero y el Malevo Ferreyra, pero el Ciclón tuvo algunas más peligrosas. Un cabezazo de Kannemann y otro de Cauteruccio no entraron de milagro.

En el duelo táctico, Pizzi agregó a un enganche, Elizari, por un volante devenido en lateral, Buffarini. Luego entraron Romagnoli y Villalba. Paradójicamente, el Ciclón no tuvo más la pelota. River emparejó y la posesión comenzó a repartirse. Con Andrada más movedizo y mejor ubicado que Mora, el equipo de Ramón inquietó más, aunque sin precisión en los metros finales, sobre todo por la poca compañía de los volantes, ya exhaustos.

Ahora hay que levantar en el campeonato y luego ir a Ecuador. Una derrota hubiera sido decirle adiós al semestre. Pero hay vida y hubo un desahogo. A veces, desde los triunfos, por más turbulentos que sean, se construyen grandes historias. Este paso le dará confianza y ánimo a River. El interrogante a futuro es cuánta vida podrá tener en la Copa con un rendimiento tan pobre.

Imágenes: Nicolás Aboaf.