Con defensa y actitud, River logró un triunfazo

Luego de nueve años, River le ganó a San Lorenzo 1-0 en el Nuevo Gasómetro. Abrió el partido por un gol de Maidana y luego sostuvo la ventaja con mucho esfuerzo. El equipo de Ramón quedó bien parado para la revancha, que será el 5 de septiembre, en el Monumental.

0010065659Con una mano en el corazón, ¿cuántos creían que este River de capa caída iba a ganar en el Gasómetro luego de nueve años? Pero fue así. A la falta de fútbol la suplió con actitud, tesón y una defensa impecable. Aprovechó a fondo la chance que tuvo y se llevó del Bajo Flores una ventaja que puede ser decisiva para la revancha del 5 de septiembre, en el Monumental.

Ramón armó un planteo con lo que hoy tiene a mano. Tres volantes centrales repartidos en diferentes posiciones: Ponzio de 4, Kranevitter de 8, Ledesma sí en su hábitat natural como eje y primer pase. Más adelante Fabbro y Lanzini, detrás de la línea de Mora, un 9 que no es 9 por más que el número de su camiseta así lo indique. Sin Teo, el Pelado no puso a un pibe -tenía disponibles a Simeone y Andrada- sino que prefirió darle cabida al uruguayo, que se notó la falta de actividad.

Como se usa hoy para describir cuando se corre más de lo que se juega -y éste es un término que le encanta a Ramón- el partido arrancó intenso. Muy táctico, trabado, sin tiempo para poder pensar. Así le pasó a Fabbro, quien apenas recibía era cortado por los volantes de Pizzi. El enganche aún está con una marcha menos. El tiempo dirá si puede adaptarse al ritmo del fútbol argentino, pero calidad tiene.

A partir de Ledesma, acompañado por un buen complemento como Rojas, River empezó a crecer, a tener el balón, aunque carecía de profundidad. Vangioni, sin el Malevo Ferreyra tapándolo como en los últimos partidos, se transformó en la llave para romper por afuera. Y Lanzini de a ratos parecía Patoruzú, porque tiraba la pelota hacia adelante, la corría y… la ganaba.

Y así llegó el primer gol. Manu provocó una falta en un costado, Fabbro metió un venenoso centro, Alvarez dio un rebote corto y Maidana aprovechó ese error del arquero arrojándose al piso. Listo, el gol de visitante, ese que tanto cuesta meter y tanto vale, era un hecho. River lo había conseguido.

¿Cómo siguió? El plan pasó a ser diferente. El equipo de Ramón retrocedió apenas diez metros, acomodó las piezas y no dejó moverse con comodidad a Correa y Piatti, las usinas del Ciclón. Así, Cauteruccio, el goleador que venía encendido, tenía poca asistencia y todo lo que venía de arriba era despejado por Maidana y Balanta.

Pizzi entendió que en el segundo tiempo River iba a seguir con su postura y modificó la estructura. Verón, un wing rápido para sumar gente arriba, por Prósperi. San Lorenzo, con pocos recursos, empujó más, pero la mayoría de los intentos fueron inútiles ante una granítica defensa.

Ramón retocó su plan con Carbonero por Fabbro y armó un 4-4-1-1 con la única intención de liquidarlo de contra. Al rato sacó a Rojas y entró Ramiro Funes Mori para cortar a Verón, que había comenzado a pesar a pura gambeta por la banda. Y Pizzi contrarrestó con otro delantero, Villalba, por un volante, Ortigoza. El Ciclón ya tenía cuatro puntas en cancha. River se refugió en una peligrosa actitud. Cedió campo, pelota y no tenía muchos fundamentos para fulminarlo de contra. Pero se la bancó.

Por el contexto, el de River fue un triunfazo. Corrió, metió, lo sostuvo por Maidana, Balanta, Vangioni, Ledesma. La falta de fútbol la suplió con esfuerzo. Por cómo venía, vale. Ya llegará el momento de jugar mejor. Los triunfos sirven para tomar confianza. Y éste en el Gasómetro no ha sido un éxito cualquiera.