“Chupetines para los pibes de Boca”

Ramón Díaz dio la cara en una conferencia caliente. Sobre sus gestos, avisó que “no me consideró de la B”, bancó su condición de hincha (“si alguien duda me voy”) y le pegó a los de Bianchi. “Estoy en deuda por no haberle ganado a uno de los peores Boca de la historia”. De yapa, cerró su discurso dejando una bolsa de chupetines.

Lo pensó bien. Lo maduró. De a ratos pensó en respetar su idea inicial de hablar solo los viernes. Recibió llamadas de muchos medios y sintió que debía dar la cara. Su gesto en la cancha causó polémica. Opinó el mundo River. Desde los ídolos máximos -Francescoli y Alonso- hasta los hinchas. En la calle, en el bar, en las redes sociales. Ramón Díaz consideró que debía aclarar las cosas tras ese dedo negador que motivó a mil interpretaciones luego de la expulsión de Delfino en la Bombonera.

Saluda a un par de hinchas que están en el predio de Ezeiza. Sonríe. Toma agua. Son las 13.19 del martes. Comienza el show. “Voy a hablar yo”, pone los puntos. “Quiero mandar un mensaje a toda la gente de River de verdad. Primero que yo no me considero de la B, eso que quede bien claro. El gesto se lo hice a la gente de Boca. Lo que pasó fue un accidente. River representa mucho a nivel nacional e internacional. Tiene mucho prestigio y lo voy a defender hasta las últimas consecuencias. No haberle a uno de los peores Boca de la historia no nos hace bien. Con mi gente nos sentimos en deuda. Seguimos arriba, peleando el campeonato, pero me siento en deuda. Los jugadores entregaron todo. En el primer tiempo tendríamos que haber hecho la diferencia, pero eso es parte del juego. Lo que cantaron los vecinos no nos tiene que molestar, somos un equipo grande”, arrancó con todo.

Siguió, no podía parar: “Conozco a la gente de River. El domingo la cancha va a explotar. Ellos me conocen y saben que vamos a dar el máximo hasta el final. Me pone muy orgulloso estar en este club. Hace muchos años que no se pelea el campeonato. Entonces le pido a la gente el apoyo y un poco más. Van a ser muy importantes”.

Avisó que a partir de ahora su contacto con la prensa será dos veces por semana (martes y viernes). Y comenzó a contestar.
- Hay gente suceptible…
– Sé que hay gente suceptible. El que me conoce, si tiene alguna duda de si soy de River o no, mañana mismo dejo de ser el técnico. El que tiene duda que lo haga saber y me voy.
- Tenías la necesidad de aclarar…
– Cuando los resultados no se dan y salen a opinar… Por eso voy a hablar más. También lo harán los jugadores. Es muy válida nuestra función.
- Estás dolido…
– Por no haberle ganado a este equipo (se refiere a Boca).
- ¿Y qué le faltó a River?
– Analizando el partido nos faltó precisión de mitad de cancha hacia adelante. Tuvimos cuatro ocasiones y no las pudimos concretar, pero eso es parte del juego, de la presión, de lo que se vivió. Se dieron cosas que no pasan en otros partidos: el árbitro lesionado, la gente cortó el partido, le tiraron cosas a Barovero, no se suspendió… No solo hablo por mis gestos.
- ¿Qué explicación te dio Delfino?
– Fue el primer clásico que dirigió. La AFA y los árbitros saben que tenés que tener experiencia en estos partidos y hay cosas que no supo resolver. Eso es lo que cuestionamos. No le dije nada a él, al contrario. Solo me preguntó porqué me metí en la cancha, pero otro árbitro no me hubiera expulsado.
- ¿Tuviste miedo por tus jugadores?
– A Barovero lo podrían haber lastimado.
La yapa quedó en el final. Caliente, dejó una bolsa de chupetines. “Es para los pibes de Boca”, cerró. De fútbol y autocrítica, poco. Había vuelto el show.