A 68 años del debut de Amadeo

Se cumplen hoy 68 años del debut en la Primera División de River de una verdadera leyenda viva, del dueño del arco millonario, de Amadeo Raúl Carrizo.

Amadeo es quizás el mejor arquero de todos los tiempos. Amadeo es quien más veces ha vestido, con orgullo y altura, la camiseta del Club Atlético River Plate. Amadeo es, como Ángel Labruna y otros pocos más, River en carne y hueso.

Nació en Rufino, Provincia de Buenos Aires, el 12 de junio de 1926, hijo de Doña Magdalena y Don Manuel. Siempre con la pelota de cuero en la suela  -y luego en las manos-  anduvo Amadeo durante su infancia. También fue un gran ciclista y correcto jugador de básquet.

Amadeo no jugaba en el arco. A él le gustaba estar en el campo y hacer los goles, como a todos los chicos. Sin embargo fue el propio Don Manuel quien, cada tarde, lo llevaba al patio trasero de la casa y le pateaba la redonda hasta el hartazgo, para que su hijo se luciese con estiradas. Al parecer Manuel tenía buen ojo y no fueron en vano todas aquellas tardes con Amadeo.

A los quince años le llegó su primera prueba. Fue el BAP (Buenos Aires al Pacífico), el club más importante de la liga rufinense en ese entonces, quien buscó  -y encontró – en Amadeo el arquero que les hacía falta. El muchacho de físico privilegiado debutó en la reserva con un resultado anecdótico. El equipo perdió y Carrizo tuvo que ir a buscarla cuatro veces al fondo del arco. Decepcionado se fue al vestuario, pero le esperaba una sorpresa: también lo citaron para jugar en la Primera. Amadeo se tomó revancha, su equipo ganó y no abandonó ese puesto durante toda la temporada de 1942. Luego fueron campeones.

Desde ese entonces empezaron a vincular a la nueva figura de Rufino para incorporarse a equipos profesionales de la AFA. Don Manuel, con sangre riverplatense, quería ver a su hijo defendiendo el club de sus amores. A Amadeo le tiraban por entonces los colores del rojo de Avellaneda y tenía en un pedestal al terrible goleador Arsenio Erico.

De todas formas él lo que más quería era cumplirle el sueño a su padre, que le consiguió, a través de Héctor Berra  -atleta riverplatense- , una carta de recomendación para ir a probarse a River Plate. Así fue cómo armó su valija y, con la misión de no defraudar a Manuel, partió hacia la capital un 6 de marzo de 1943. Allí lo esperaba su tío Claudio, que lo acobijó en su casa de Villa Devoto hasta que Amadeo pudo irse a vivir solo. Pero para eso faltaba.

A los pocos días de su llegada a la Capital, se presentó en el Estadio Monumental con los cortos, su buzo negro y la carta de recomendación para ser entregada ante el maestro Carlos Peucelle. Y Amadeo la rompió. “Barullo” lo citó nuevamente para una segunda prueba el 13 de marzo. Ese día no lo dejaron ni entrar a la cancha: “Pibe, sacá la cédula porque te vamos a fichar en el club”, le dijo Peucelle. Allí nació la leyenda.

Ese mismo día Amadeo llamó a Rufino. Don Manuel, del otro lado de la línea, se quebró en llanto cuando su hijo le dijo: “Viejo, no vuelvo a Rufino”. El pibe cumplió el sueño de Manuel e iba a jugar para el club que tanto amaba.

Durante aquel año y el siguiente, Amadeo se desempeñó en la cuarta y tercera división, campeonando en 1943 con la primera y en el ’44 con la segunda.

El 2 de mayo de 1945 recibió una de las noticias más lindas que un jugador aspirante a llegar a Primera puede recibir. El propio Peucelle le comunicó que el domingo iba a jugar con el primer equipo de River Plate. Amadeo, de 18 años, sería el arquero titular para el clásico ante Independiente.

Llegó el día de su debut. Domingo 6 de mayo de 1945. River formó con Carrizo, Vaghi, Rodríguez, Yácono, Giúdice, Ramos, Muñoz, Gallo, Pedernera, Labruna y Loustau. En frente, el rojo de Avellaneda, fue con Cammaratta, Crucchi, Arrigo, Sastre, Lemmi, Batagliero, Cerviño, De La Mata, Pairoux, Mourin y, su ídolo, Erico.

El partido terminó 2-1 a favor del millonario. Cerviño puso en ventaja a los locales a los 17 minutos del primer tiempo. Sesenta segundos más tarde Labruna igualó el trámite y Gallo, a los 27 de la segunda etapa, puso cifras finales.

Ese mismo año, River se consagró campeón y el equipo sólo recibió 34 goles en 30 partidos disputados. Números más que interesantes para la época. Además de Carrizo, en aquella temporada se presentaron también Néstor “Pipo” Rossi y Alfredo Di Stéfano.

Luego de ese encuentro, Amadeo defendió la valla millonario 545 partidos más entre el 6 de mayo de 1945 y el 22 de diciembre de 1968. Consiguió seis títulos y la misma cantidad de temporadas con la valla menos vencida. Además ostenta el récord de más minutos con la valla invicta: 769.

Fue un innovador y pionero de lo que hoy conocemos como arqueros. Reinventó el puesto. Amadeo fue el primero en utilizar guantes en 1952. Fue el primero en utilizar el pie del guardavalla como un arma más de ataque. Amadeo creo al arquero-jugador, que no se limita a estar bajo los tres palos, sino a salir del área, interactuar con los defensores y hasta cortar ataques rivales. De Rufino a River, de River al mundo, Amadeo les mostró a todos que un arquero también puede ser protagonista, ídolo e institución.