Que decepción…

River no supo aprovechar las chances que tuvo en el primer tiempo y Boca se lo empató. Fue 1 a 1 y, así, el título tiene olor a utopía.

¿Qué mejor panorama que empezar ganando en la Bombonera a los 46 minutos? Porque así arrancó River. Como prometió Ramón. Yendo al frente y atacando, mostrando los dientes. Lanzini le puso la cabeza a un centrazo de Sánchez ante la pasividad de la endeble defensa de Boca. ¿Terminó en goleada? ¿En baile? Nada de eso. En la primera etapa, River se cansó de desperdiciar chances y terminó sufriendo. No perdió, pero el empate se toma así. Por las posibilidades de gol desperdiciadas y porque pensar en el título con un equipo con poco carácter roza lo imposible.

Tiene explicación la igualdad, lógicamente. La primera es que River no estuvo fino en los primeros 45 minutos. Y como dice un viejo refrán, lo que metió en un arco lo pagó en el otro. Carlos Sánchez, por ejemplo, soñará con la jugada que desaprovechó solo ante un entregado Orion. La quiso picar y la tiró afuera. Era 2 a 0. Al rato lo empató Silva, quien anticipó a Balanta y la puso contra el rincón. En su peor momento, los de Bianchi acertaban como no lo hacían los de Ramón.

Los delanteros estuvieron en otra órbita. Iturbe arrancaba como Messi y las terminaba como… Iturbe. Y Funes Mori recibió el diploma al delantero con más offsides del mundo. Cuando tuvo una chance, luego de un tiro libre de Vangioni que pegó en la barrera, mandó arriba el balón.

Ramón recuperó a Ponzio, pero éste fue uno de los puntos más flojos. No ayudó a Vangioni por su zona (el ex Newell´s jugó desprotegido y a los 5 minutos ya estaba amonestada) y estuvo mal con la pelota, entregando errático en la mayoría de las veces. Solo Ledesma era capaz de pasarla bien, siendo el eje sobre el que se movió River en ese primer tiempo que entusiasmó. Y Lanzini, muy rodeado, también aportó lo suyo, aunque en cuentagotas.

No tuvo carácter, River. Quedó herido luego del 1 a 1 y en el segundo no salió a jugar. Ya en el primer tiempo se había metido atrás, pero el planteo se presumió inteligente, ya que contó con espacios para la contra. En el complemento, literalmente, no atacó, no llegó nunca al arco de Orion. La promesa de Díaz no se cumplió. River jugó 45 minutos. Luego se dedicó a aguantar contra un equipo cargado de pibes, porque Bianchi sacó al machucado Erviti, su técnico adentro de la cancha, fundamental en la jugada previa al tanto de Silva.

La cábala de Mora no resultó. Cirigliano tampoco le dio más orden y manejo que Ponzio, quien más allá de sus impreciones se notó que le pesó la inactividad tras un desgarro.

El partido se consumió sin llegadas. Boca empujó, pero no tuvo claridad. Barovero se lo sacó a Escalante en la única situación clara. Lo de River fue más que tibio. No le pudo ganar a un rival remendado.

Si querés salir campeón, el punto no te sirve.