Ramoneando

River obtuvo una importante victoria en Mendoza y Hernán Castillo te explica las razones del éxito.

Y por ahí va la cosa. River está Ramoneando. No es más que sus rivales, pero gana. Es pícaro. Aprovecha todo lo que le dan. No hay figuras y no importa. De paso, el entrenador derriba ese mito de que él sólo podía dirigir equipos con estrellas. River hoy no es un equipo todavía, pero va en camino. Probando y cambiando, Ramón Díaz le encuentra la vuelta y con el mismo plantel base del año pasado ya tiene la misma cantidad de puntos que en el Torneo Final, aunque todavía faltan 9 partidos. Eso se llama Ramonear. Y River está Ramoneando.

River perdió a Trezeguet (independientemente de su flojo nivel es un nombre importante), tuvo lesiones en Román (para Ramón es fundamental), ha perdido a Ponzio por suspensiones y lesiones, ha tenido que variar la delantera totalmente, el medio varias veces y la defensa fecha tras fecha. No repite equipo. Busca, muchas veces por necesidad y otras tantas por el afán de ir por más. Ramonea. Y va. Y está prendido.

Ante Quilmes va a cambiar otra vez. Volverá Vangioni, ingresará Funes Mori, e Iturbe seguramente será parte del equipo desde el arranque. Sigue cambiando. Hoy no encuentra juego. Recién cuando Godoy Cruz se vio en desventaja en el partido del domingo, Lanzini se hizo enganche y comandó un par de interesantes jugadas. Antes, la historia había sido parecida a la de Arsenal. Pero este River volvió a ser esos River que vos sabías que debías esperar hasta el final para verlo vencido, porque siempre podía tener una más. Y eso vale. Ramonear, que le dicen.

A este River le sigue faltando juego. No hay que negarlo. Pero desde la practicidad y la eficacia, suple la falta de ideas. Encontró frescura en Balanta. Explosión en el segundo tiempo en Iturbe. Equilibrio en Ledesma y Rojas. Y con eso, en este mediocre fútbol argentino, alcanza. Exprime lo que tiene. Apuesta a ganador siempre. No especula. Confía en sus fuerzas. Ramonea. Es así.

Hoy, el River de Ramón empezó a meter miedo. No se le animan. El partido dura 90 minutos y en varias porciones del mismo el equipo pierde la pelota. Ahí, se acomoda, espera y sale de contra. Tiene fórmulas. Las varía. Y sigue arriba. ¿Le alcanzará? Es la pregunta de casi todos. Veremos. A los ansiosos, les recuerdo simplemente que a esta altura, en el torneo pasado ni se hablaba de estar cerca de la punta, y hoy se es parte de ella prácticamente. Con casi nada diferente, o sí, ahora se Ramonea.