Intimidad de una reunión de CD

Pasión Monumental te cuenta cómo se desarrolla una reunión de CD. El papel de Passarella, lo que hacen los oficialistas, la participación de los opositores y hasta las reacciones del público.

El estatuto marca que, cada quince días, oficialistas y opositores se deben reunir para debatir y decidir el rumbo de la institución. Pasión Monumental se hace presente, y le acerca al no socio y, al socio que no puede asistir, los pormenores de las sesiones.

Casi siempre están pactadas para los jueves a las 18. Sin embargo, mal argentino, recién arrancan a partir de las 18,30. La del último jueves, por ejemplo, comenzó a las 18,40.

El primero en pisar la sala Aragón Cabrera suele ser el secretario Daniel Bravo. De a poco se va sumando el resto de las autoridades, tanto oficialistas como opositoras, casi siempre, en un clima distendido y hasta fraternal, que cambia rotundamente cuando comienza la sesión.

Recién cuando Daniel Passarella arriba, comienza la función. El presidente se sienta en la cabecera de la larga mesa, con Bravo a su derecha, Diego Turnes (vicepresidente 1ro) y Omar Solassi (vicepresidente 2do) a su izquierda, el resto de la comitiva oficialista (son 20 en total) a los costados, y los cinco opositores enfrente.

Bravo es el encargado de leer la orden del día, donde se detallan los temas a tratar. Mientras tanto, oficialistas y opositores cruzan palabras por lo bajo, y Passarella descansa sobre su mano, lee algunos papeles o se distrae con su compañero Turnes.

Al término de la exposición, pueden pasar dos cosas: la oposición consulta o cuestiona algo, o se pasa directamente a la votación.

En el primer caso, el presidente es el encargado de darle la palabra a aquellos que pidan opinar. El Kaiser funciona como una especie de moderador, que casi nunca participa, incluso, cuando se le pregunta algo a él: siempre descarga las respuestas en otros dirigentes.

Tras la discusión, ahora sí, se procede a la votación. No es nominal, por lo que, en caso de que nadie se declare en contra, se dará por aprobado. Siempre es así, porque a lo largo de la gestión los oficialistas votaron a favor y, al ser 20 contra 5, terminan ganando.

A lo largo de la sesión se pueden ver diferentes actitudes en los dirigentes. Pocos son los que participan (casi siempre dan explicaciones el protesorero Daniel Mancusi, Bravo o, cuando se habla de fútbol, Turnes), mientras que la gran mayoría se queda impaciente, como en el teatro, comentando algo por lo bajo o usando el teléfono. Incluso, algunos han llegado a estar mirando hacia la pared mientras en la mesa se discutía algo relevante, como es el caso de Solassi.

Tras debatirse todos los temas pactados, el presidente da por terminada la sesión. Claro, no siempre es con el consentimiento de todos. En más de una oportunidad, todavía se estaba discutiendo algo y Passarella decidió darla por cerrada (en una ocasión, hasta argumentó que estaba apurado por una cena), lo que generó más de una bronca en los presentes.

Como es habitual, la polémica no queda de lado, y generó sorpresa y bronca que varias veces algunos dirigentes, que permanecen callados durante la reunión, se vayan insultando a los gritos por los pasillos internos del primer piso.

Mientras tanto, la gente juega su partido aparte. Por lo general, la concurrencia no supera las 50 personas pero puede llegar a las 100, como la del último jueves, o a desbordarse con casi 200 personas, como la primera tras el descenso.

La gran mayoría de los que asisten participan activamente en alguna agrupación política o son representantes de socios. Sin embargo, en otro número, son simples socios que pagan su cuota mes a mes, y quieren saber qué ocurrirá con el club.

Lo más común es escuchar aplausos para los vocales opositores cuando remarcan errores en la conducción, o chiflidos y reproche hacia las medidas antipopulares que, lamentablemente, cada vez son más frecuentes en los últimos tiempos.

Polémica por el pase de Ponzio:

En la reunión del último jueves se dio una fuerte discusión entre el oficialista Turnes y el opositor Andrés Ballota por una sociedad holandesa que formó parte del pase de Leonardo Ponzio.

Passarella acusó a la minoría de no aprobar el regreso de Ponzio, a lo que Ballota (del frente Ahora River), respondió, a los gritos: “No votamos a favor porque un millón de dólares iban a una sociedad holandesa. Fue tan desprolijo lo que hicieron, que la AFIP cambió la normativa”.

Ahí participó Turnes, que sostuvo: “El pase lo cobró el jugador, no había ningún grupo en el medio”. De ahí en más, las formalidades quedaron de lado y empezó una acalorada discusión entre los miembros de la comisión.

Durante la discusión, el presidente utilizó el timbre que tiene para que bajen la voz, mientras ponía caras divertidas, algo fuera de lugar por el momento de tensión que se vivía. Tras afirmar que esa discusión no estaba en la orden del día (a pesar de que él había tirado la primera piedra) se retiró junto a otros dos dirigentes.

La decisión sorprendió a todos, hasta a los oficialistas, que se quedaron esperando la resolución del conflicto. Lo que no sorprendió a nadie son los insultos que se escucharon desde el pasillo interno, por donde salieron los pocos que se fueron, algo que ya se volvió costumbre.

El protesorero Daniel Mancusi fue el encargado de ir a buscar los cheques para demostrar la postura de Turnes. Tras quince minutos volvió con el contrato del jugador, que evidenciaba que la sociedad holandesa sí existía, pero que a los ocho meses de haber pagado el pase, le devolvió la plata al volante millonario.

Los hinchas reprobaban con silbidos lo ocurrido, sin escuchar que, en el fondo, Mancusi justificaba: “En ese momento todos trabajaban con sociedades holandesas o suizas”.