A 27 años del “Día de la pelota naranja”

A 27 años de una tarde memorable, en la que Norberto Alonso marcó un antes y un después en la historia de los superclásicos. Dos goles, la vuelta olímpica en la Bombonera y un cielo que, con el grito que elevó el Beto, se fue tornando anaranjado.

En la previa, la barra del millonario le había expresado al capitán del equipo, Américo Gallego, las ganas que tenía la hinchada de que los jugadores diesen la vuelta en la Bombonera, ya que River llegaba campeón a su visita en la Bombonera. Por su parte, la AFA había solicitado al club que no realicen el acto para evitar incidentes. Norberto Alonso y Gallego se reunieron en la concentración y decidieron darla de todas formas. “Acostumbramos a la gente a festejar en todos lados ¿Por qué no ahí?”, chicaneaba el Beto.

Las apuestas internas en el plantel también se hicieron lugar. El dirigente Máximo Sabbag le prometió al propio Alonso: “Te lo regalo para tu pibe si esta tarde la rompés y hacés dos goles”. Sabbag hablaba de un lujoso reloj Rolex que descansaba en su muñeca y que varios jugadores se habían encargado de elogiarle.

Para los dirigidos por Héctor Veira, del quien la dirigencia buscaba un reemplazo, alinearon: Pumpido, Saporiti, Ruggeri, Karabín, Montenegro, Enrique, Gallego, Alfaro, Alonso, Amuchástegui y Morresi.

“En los clásicos siempre se llena la cancha de papelitos blancos, por eso en la semana me alcanzaron una pelota naranja para usarla en tal caso, así que decidí estrenarla”, señaló el árbitro del encuentro, Francisco Lamolina. Así, con el campo de juego bajo un extenso blanco simulando un manto de nieve y con una redonda naranja jamás vista en el Fútbol Argentino, River y Boca, Boca y River, salieron a jugar un superclásico que luego iba a quedar en la historia.

La idea del millonario desde el arranque fue monopolizar la posesión de balón, tocando en la mitad de la cancha y llegando al área rival pelotazo o arranque de Alonso mediante. No era precisamente un planteo netamente ofensivo el dispuesto por el Bambino Veira.

A los treinta minutos de iniciado el encuentro, Enrique recibió una falta sobre la banda derecha en el campo de juego rival. El encargado de la pelota parada fue Roque Alfaro y lo sucedido luego merece párrafo aparte.

El volante se dispuso a enviar el extraordinario balón anaranjado sobre el área rival. Allí aguardaban Morresi, Ruggeri y Alonso, entre otras camisetas blancas con la banda roja cruzándoles el pecho. El centro superó a todas las azules y amarillas, a Pasucci, la marca del 10, y a Hugo Gatti, por detrás, suspendido en el aire, deteniendo el tiempo para observarla, pensarla, ubicarla y tratarla como siempre acostumbró, el Beto Alonso hundió su frente en la pelota y  la ubicó por sobre el Loco, para empezar a hacerse el dueño de la tarde en la ribera. “La bola venía con mucha rosca, pero si le daba enseguida el Loco me la hubiese sacado, enconces esperé”, detalló Alonso. Y hay que creerle.

Cinco minutos más tarde entró Borrelli reemplazando a Karabín y así se fueron al descanso. El millonario quería dar la vuelta en la Bombonera con una victoria, lo estaba logrando y con un gol que quedará para siempre en la retina del hincha del fútbol, no precisamente riverplatense.

A los 21 minutos de la segunda parte, Montenegro se fue expulsado y dejó a River con diez hombres a falta de casi media hora para el final del partido. Luego ingresó Gorosito en lugar de Amuchástegui para aguantar la victoria.

A falta de siete para el final, los de Núñez resistían la ofensiva boquense y Nery Pumpido se convertía en la figura del partido, pero no por mucho tiempo.

Pelotazo, la baja Alonso y recibe falta de Passucci. Tiro libre para River que, por cómo se estaban dando los hechos, valía oro. El mismo “10” se hizo con la pelota, la acomodó y apuntó al palo de la barrera pero el propio Passucci se encargó de desviar, con la mano, el disparo que terminó colándose en el primer palo de Gatti. Gol, dos a cero y el millonario empezaba a dar la vuelta.

El árbitro Francisco Lamolina señaló el final y los jugadores cumplieron: dieron la vuelta en la Bombonera. También, como se esperaba, los hinchas locales no aguantaron tal humillación y comenzaron a lanzar proyectiles hacia los campeones, que debieron abandonar el campo de juego bajo la custodia de la policía y sus respectivos escudos. Alonso no se arrepintió: “Yo la iba a dar aunque me sacaran muerto”.

De esta manera cerró el Beto un capítulo más en su carrera. Dos goles en la Bombonera, la vuelta olímpica bajo la atenta  -y furiosa-  mirada de toda la hinchada xeneize y, como Sabbag le había prometido, un Rolex para su hijo mayor. Hizo famosa una pelota que, 27 años más tarde, la seguimos recordando como parte de la historia grande de River Plate.