Rápido y furioso

Toda victoria se valora y más aún si es para dejar atrás una derrota. Nuestro Director lo explica tras el 2 a 1 ante Colon.

La semana pasada hubo una charla generalizada después de ver el partido ante San Lorenzo. La misma iba por el lado del temor a viejas y conocidas historias. El rendimiento había sido tan flojo que muchos vieron reflejado al equipo del final de la era Almeyda. Ese sin espíritu, sin ganas, apático, sin reacción. Y ante eso el miedo lógicamente apareció. Pero no. Rápida y furiosamente el equipo se levantó y ganó. Y esa es una buena muestra de carácter. Porque este equipo es casi el mismo que el del año pasado (apenas Leonel Vangioni y Juan Manuel Iturbe son los nuevos junto a los regresos de Mauro Díaz y Adalberto Román), y tranquilamente podría haber sentido el golpazo.

Este equipo puede pararse. Es cierto que no juega bárbaro. Es verdad que no encanta su juego. Que no es vistoso. Que no toca, toca y toca. Que no engalana las noches o tardes de TV. Que no invita a verlo sí o sí por su virtuosismo. Todo cierto. Pero este River es más que la mayoría de los equipos de la Primera del fútbol argentino. Y ahora lo demuestra. Y vale resaltarlo. Porque muchas veces repasamos, como ejercicio, entre amigos o conocidos, el nombre por nombre del plantel de River comparándolo con otros. Y muchas veces decíamos: “La verdad, River no tiene menos que los otros”. Pero perdía, y perdía, y perdía… No demostraba esa superioridad. Ahora sí. Y hay que destacarlo. Por más que se siga jugando más o menos.

A este equipo le sigue faltando un enganche, el único pedido real de Ramón Díaz. Ante Colón fue clarito como el equipo después de ponerse 2 a 0 arriba eligió casi que refugiarse cerca de Marcelo Barovero. Porque como no hay un tipo que maneje los tiempos, esperar atrás y tratar de salir de contra es lo más lógico. Muchos dirán que en realidad no todos los equipos tienen un enganche para manejar los tiempos. Y es verdad. La respuesta, de todas formas, es que River no es todos. Y que históricamente manejó, con un enganche, los tiempos de los partidos. Y eso -que es parte del ADN y que se transmite de generación en generación, no sólo en River, sino en los rivales de River que esperan que sea River el que maneje los tiempos del partido- termina jugando en contra. Porque River no maneja porque no tiene cómo. Porque no tiene enganche, claro.

Se levantó y eso es lo importante. Entiendo que haya dudas, pero vale la levantada inmediata. Rápido y furioso. Así fue River a la hora de mostrar que entiende el camino. Ganando es mucho más fácil encontrar el rumbo. Y hoy River pelea bien arriba. Porque desde el banco, o desde la platea, como ante Colón Ramón Díaz ya le metió toda su impronta a este equipo.