Una estatua polémica

Matías Almeyda tendrá su propia escultura a partir del sábado y será exhibida en el Museo River, donde no se halla ningún otro homenaje de estas características. El proyecto fue llevado a cabo por un grupo de hinchas que invirtieron cerca de 40 mil pesos. ¿Es un merecimiento o un capricho? 

River Plate es un club con más de cien años de historia. De una inmensa y hermosa historia. Muchos fueron los dirigentes y jugadores que hicieron de aquella institución nacida en la dársena Sur del barrio de La Boca, uno de los más grandes clubes de todo el mundo. Desde el presidente fundador, Leopoldo Bard, hasta jugadores de la talla de Ángel Labruna, Amadeo Carrizo y Norberto Alonso, entre otros.

Tal como se menciona al principio de este texto, no existe ninguna otra estatua exhibida en el museo del club. Es por ello que se plantea una cuestión ¿No hay acaso muchos otros personajes destacados a lo largo de la historia riverplatense que merecen, por sobre la persona en cuestión, un homenaje tal? Personajes como Bard, Labruna, Amadeo y Alonso, y una extensa lista integrada por: Adolfo Pedernera, Bernabé Ferreyra, Carlos Peucelle, José Manuel Moreno, Enrique Omar Sívori, Antonio Vespucio Liberti, Renato Cesarini, José María Minella, Juan Carlos Muñoz, Félix Loustau, Walter Gómez, Oscar Más, Ermindo Onega, Daniel Onega, Reinaldo Merlo, Américo Rubén Gallego, Juan José López, Daniel Passarella, Enzo Francescoli, Antonio Alzamendi, Hernán Díaz, Ariel Ortega, Leonardo Astrada y Ramón Díaz, entre los más populares. La lista podría ser aún más extensa.

Hoy el mundo River se ve frente a un claro ejemplo del olvido de las raíces en un amplio sector de la hinchada millonaria, coincidente a esta oscura etapa que el club está atravesando. Quizás por desinformación, quizás por desinterés. No existen argumentos que puedan ubicar al azuleño por sobre, al menos, unos veinte de los indiscutibles ídolos anteriormente enumerados.

Dicho esto, cabe aclarar que no hay ningún ánimo de ofender a Matías, ya que él nada tuvo que ver con la construcción de la efigie.  Tampoco para fastidiar a quienes se preocuparon por hacer realidad su “sueño”. Es que nadie puede decidir sobre los gustos de otras personas y si alguien quiere hacer una estatua de quien sea, sienta la libertad de hacerla. Pero esto no se trata de gustos. Porque por más gustos variados que existan, Almeyda no es un ídolo indiscutido. Para nada.

De tal modo, este homenaje puede ser tomado desde variados puntos de vista. Algunos creerán que la estatua está bien y tendrán sus motivos para avalarlo. Otros pensarán que se están pisoteando 110 años de historia, pasando por arriba y faltándoles el respeto a nombres que son verdaderas instituciones en la vida de este club inmenso ¿Realmente Matías Almeyda merece ser ubicado en este pedestal? ¿O solo se trata un capricho de unos pocos avalado por la dirigencia?