El Príncipe abandonado

Mientras la de Almeyda está por salir a la luz, en River hay otra estatua. En 1999, la AgruPasión Gallina realizó una estatua de Enzo Francescoli con el objetivo de que permaneciera en el Monumental como recuerdo al ídolo uruguayo. Hoy, 14 años después, la figura se encuentra abandonada en la sala de bowling del club.

Para el hincha de River, Ángel Labruna, Norberto Alonso y Enzo Francescoli son tres de los ídolos más importantes en la historia del club. Precisamente, este último recibió un homenaje muy especial hace más de una década, aunque casi nunca se lo pudo ver públicamente.

En 1999, el uruguayo le dijo adiós al fútbol y un grupo de alrededor de 100 jóvenes decidió hacerle un homenaje en agradecimiento a quien obtuvo cinco campeonatos locales, una Copa Libertadores y una Supercopa con la banda roja.

A pulmón y con mucho amor, el movimiento “AgrupaSión Gallina” (a pesar del nombre nunca llegó a ser una agrupación) armó una escultura del Príncipe para regalársela al club y para que fuera mostrada el día del partido despedida, algo que fue imposible por diferencias en la organización del evento.

El proyecto quedó en manos de tres estudiantes de Bellas Artes que trabajaron ad honorem y puramente por amor a la camiseta y al ídolo. Tras muchas idas y vueltas, desde la dirigencia que por ese entonces comandaba David Pintado, aceptaron la escultura, prometiendo ubicarla en el Museo que, en teoría, se iba a inaugurar en el 2001.

Con promesas incumplidas, durante muchos años la estatua permaneció en el hall del Instituto y hoy se encuentra, con notorias marcas de descuido, en la que fue la sala de bowling, utilizada de alguna manera como depósito para elementos que ya no sirven.

La escultura, que es una interpretación de una conocida imagen de Francescoli, lleva una plaqueta que dice: “Esto que nos une. Con el 9 en la espalda y un exquisito andar la hinchada te aclama, el mundo te ve brillar. Gracias Enzo por tu fútbol, gracias por tu corazón. Este símbolo te recuerda como el eterno campeón”.

Lejos del símbolo de amor que motivó su creación, la estatua representa el habitual destrato por las glorias riverplatenses.