El arco tiene dueño

Llegó silbando bajito, con la humildad que lo caracteriza. Marcelo Barovero se ganó el puesto a fuerza de grandes actuaciones y, a pesar de su contextura pequeña, hizo que el arco millonario parezca diminuto para los rivales. En junio finaliza su préstamo, pero River debe comprarlo.

Dicen que el puesto de arquero es un tanto ingrato. Cuando el equipo gana, los héroes son los delanteros o quienes anotan los goles. Solo se acuerdan de quien defiende el arco cuando se empata o se pierde por poco “gracias” a él. Siempre fue así y lo seguirá siendo.

Lo cierto es que Marcelo Barovero siempre está donde tiene que estar. Descolgando cada centro, realizando grandes estiradas, plantándose firme en cada mano a mano y hasta construyendo ataques desde su gran pegada, la cual viene trabajando desde hace tiempo.

El arco más grande del mundo le sienta bien. Aunque a simple vista se vea frágil, de piernas delgadas y, quizás, con una contextura menor a la media de los arqueros, el ex Vélez demostró estar a la altura de la camiseta.  Sus buenas actuaciones vienen también acompañadas de una regularidad que hace rato no se veía en la valla riverplatense.

Con Tigre no fue la excepción. En un momento complicado y con River en desventaja, Barovero se lució ante Leguizamón, quien había enganchado hacia adentro buscando gambetear al 1. Parado, el ex Rafaela no se comió el amague y se quedó con la pelota. Podría haber sido el 2-0 para el Matador, pero desde aquella salvada el equipo cargó las pilas en busca de la épica que finalmente lograría.

En junio vence el préstamo y River debe retenerlo. La opción de compra debería dejar de ser una opción para pasar a ser una obligación. Lo bueno es que el pase es del arquero y así es más sencillo negociar.

Imagen: Nicolás Aboaf