Desde el banco

Nunca voy a poner a nadie por sobre River, sería una grave contradicción. Pero Ramón Díaz es lo más cercano a decir River. Ni una duda tengo. Es diferente. Entiende todo. Es, River, el lugar en el mundo de Ramón. Es, Ramón, quien mejor entiende lo qué es River. Puede fallar, claro.

Porque es imposible ganar siempre. Pero el equipo errático, sin alma, con poca confianza y poco eficaz del año pasado, ahora es todo lo contrario. Tiene hambre, ganas, fuerza. Puede no jugar bien en estos tres partidos que pasaron (lo mejor fue ante Belgrano y cuando el equipo tenía un hombre menos), pero no para de sumar. Lleva 5 partidos seguidos ganando. Un récord de Ramón quien nunca lo había logrado siendo entrenador de River (el de Lanús se lo cuento porque su aura ya estaba en funciones) y algo que no se daba en el club desde los tiempos de Manuel Pellegrini (no hagan cuentas porque se van a deprimir) .

Es Ramón quien hace que Barovero ya no deje dudas y sea arquero de Selección. Es quien arma una defensa con línea de 3 que hace años no aparecía en el mundo River y logra buen funcionamiento hasta con un “prohibido” como Adalberto Román. Es el que arma el mediocampo con dos volantes por afuera de los que no hay en el fútbol argentino. El que potencia a Ponzio y recupera a Ledesma. El que le da lugar a Acevedo en el plantel y tiene a Mauro Díaz en las gateras (hombres casi prohibidos, no tanto como Román pero en esa onda).

Y experimenta con Lanzini porque no le trajeron enganche pero tiene a mano Rojas que parece el de Godoy Cruz y no el que estaba el año pasado. Y está Iturbe que es pura explosión como Mora. Y arriba va con Trezeguet al que tenía como quinto delantero pero no se casa; y si lo tiene que sacar lo saca y lo pone a Funes Mori (contra Belgrano) y liquida el partido; o a Luna (contra Tigre) y da vuelta el partido.

Todo eso, y mucho más, es Ramón Díaz. Hace un tiempo avisé de mi falta de objetividad a la hora de hablar de Ramón Díaz. Porque me enojé cuando no le renovaron contrato en 2001 y cada vez que fueron tibiamente a buscarlo. Y lo mismo cuando fueron por Angel Cappa y no por él, insólitamente. Pero ya está. Llegó Ramón. Y hay 15 puntos sobre 15 en juego, ja. Impensado para otros tiempos. Y hay respeto. Porque a River empezaron a temerle señores. “Uy, jugamos con River”, andan diciendo en San Lorenzo y seguro en Colón. Está claro. Es el cambio de mentalidad. De actitud. De cabeza. Ahí viene River. Fijense que se viene. Se mueve el estadio. Hay fiesta en el Monumental. El hincha puede sentarse a ver el partido. Canta, grita, disfruta. Pero puede sentarse tranquilo. Porque en algún momento lo va ganar. Lo sentimos todos. Y se va dando. Lo siente River. Pero también lo sienten los rivales. Y con eso el plus que da Ramón se potencia. Y River va.