El gran David

Lo miré de costado durante toda la pretemporada. Apuntando a querer lo mejor para River, no me convencía un Trezeguet a medias tintas, como el de la primera ronda en la que marcó nada más que un gol. No me convencía de ninguna forma verlo como en el partido ante Boca en el Monumental, por ejemplo. Escuché a Ramón Díaz, el 25 de enero, decir “Hoy Trezeguet es el quinto delantero” y coincidí. Físicamente le faltaba…

Pero de repente, Trezeguet volvió a ser. Y se festeja. Apareció ante Boca con un cabezazo y, atento al rebote de la atajada de Orión sellar la victoria en Córdoba. Y apareció ayer, otra vez, y marcó el gol del triunfo ante Estudiantes con una volea con todo su sello.

Ahí está Trezeguet, el que sale corriendo desde el túnel y cumple el sueño de jugar en River cada vez que juega un rato a la pelota en el Monumental o en cualquier estadio del fútbol argentino. Ahí está David, el que se golpea el pecho al ladito del escudo cada vez que el “oleee, oleee, oleee, oleee, Daviiid, Daviiid”, se repite. Ahí está el gran David, el que casi no la toca. Pero convierte par que River festeja.

Este Trezeguet es el que le sirve a River. El que convence a fuerza de goles. El que se puso a pleno y habló de revancha: “Este torneo es una revancha para mí por cómo se dio todo el año pasado”, viendo, y entendiendo por dónde pasaba la crítica a su juego. Y entonces todo River se entusiasma. Y entonces Mora tiene mejor compañía. Y está Iturbe. Y aparece Funes Mori. Y aguarda Luna. Todos, ahora, detrás del Gran David. Porque de la mano de Ramón Díaz todo puede pasar. Que juegue Adalberto Román. Que Acevedo vuelva a estar en la mira. Que Ledesma sea siempre titular. Y que Trezeguet, de quinto delantero, de repente se convierta en el goleador tan esperado. Bien por él. Bien por River.