A 15 años de un adiós Inmenzo

El 18 de febrero de 1997,  uno de los más grandes ídolos en la historia de River Plate le dijo adiós al fútbol. Un uruguayo que llegó silbando bajito y que terminó por marcar un era.

Esta historia se empezó a escribir un 9 de marzo de 1980, ante Defensor Sporting, un tal Enzo Francescoli hacía su debut en el Montevideo Wanderers. Un muchacho flaquito que había sido rechazado por un grande de su país, Peñarol, el club “de sus amores”, por su físico. Con pocos partidos en primera les demostró que se habían equivocado. El pibe ya era tapa de los diarios y su nombre ya sonaba del otro lado del charco. River ya empezaba a poner sus ojos en este “flaquito”.

El 21 de abril de 1983, y luego de muchas idas y venidas por su pase, el Príncipe firmaba con River. Sus primeras palabras como jugador de River fueron las siguientes “Lamentablemente para todos, tantas tratativas quizás magnificaron mis cualidades, por eso espero no defraudar a nadie. Tan sólo tengo la ambición de satisfacer las expectativas que se crearon. Pero quiero recalcar que en River hay jugadores de primer nivel y yo seré uno más. No me considero el salvador de River. Lo único que voy a tener que hacer el domingo es no pensar en que todos los ojos van a estar puesto en mí. Eso sí: vine a uno de los mejores clubes del mundo y no me voy a achicar”. En ese entonces, el millo no estaba en un buen momento y la presión de la gente era mucha.

Llegaba el día de su debut con la banda. Un 24 de abril de 1983 empezaba el camino del que, posteriormente, iba a transformarse en un ícono de nuestro club. La presentación fue con victoria 1-0 sobre Huracán y en las tribunas del Monumental ya se escuchaban cantos para este nuevo uruguayo.

Tres días después, en un miércoles 27 de abril que quedará en la historia, el pibe debutaba en la red con un penal y le daba los tres puntos a River en otra victoria 1-0, esta vez contra el “Verdolaga”.

A pesar de que su llegada a River había sido casi soñada, con buenos rendimientos y hasta convirtiendo en su segundo partido, las cosas en el club no iban de lo mejor. El 29 de junio de ese mismo año el plantel se declaró en libertad de acción y se desató una crisis en Núñez. Tal fue el conflicto, que el torneo lo terminaron jugando juveniles y el resultado fue un puesto 18 sobre 19 equipos que disputaban el torneo. El pibe iba a terminar con 11 goles en 27 partidos en el 83.

A fines de ese año el Enzo fue convocado para la selección de su país y hasta metió un gol en la final de la Copa América a Brasil.

En 1984, el DT Luis Alberto Cubilla no parecía tener en sus planes al uruguayo y hasta declaró que su transferencia era una buena opción. Encima se le sumaba la vuelta del Beto Alonso, quien iba a ocupar el lugar en la cancha en el que se venía desempeñando Francescoli. Cubilla lo terminó incluyendo en el equipo, pero lo ubicó en el lateral derecho de la cancha. Con la 8 en la espalda empezó a ser un jugador completamente distinto al del año anterior, hacía goles y se destacaba partido a partido.

Luego de una serie de derrotas, incluida la final del Nacional perdido en manos de Ferro, Cubilla renuncia al cargo y asume interinamente en su lugar Adolfo Pedernera. Increíble pensar en estos tres astros juntos: Alonso, Pedernera y Francescoli. Con Adolfo como DT, el Príncipe empezó a jugar como un segundo delantero.

Finalmente fue Héctor Veira quien tomó las riendas de ese River golpeado. El Bambino no escatimaba en elogios para con el uruguayo “¡Que jugadorazo!, le tiran cualquier cosa, él la mata y sigue. Es un fenómeno”. En aquel metro ´84 el Enzo iba a terminar como goleador con 24 goles.

Al año siguiente iba a llegar su primer título con la banda. Aportando la increíble cantidad de 25 goles, River se coronaba campeón con el Enzo como máximo artillero del torneo. Luego le tocó terminar su ciclo en Núñez para sumarse al Racing francés. En ese año también conseguimos ganar la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, la cuenta pendiente que tenía el Príncipe.

En 1994 y luego de 8 años militando en el fútbol del viejo continente, Francescoli pegaba la vuelta a su última casa. Su sueño, levantar la Libertadores.

En ese mismo año River se consagró campeón del torneo local, título que iba a repetir en el 1996 ya con un Enzo Francescoli totalmente consagrado como ídolo del club.

El 26 de junio de 1996 finalmente se le cumplía el sueño al uruguayo. El Millonario, con el Enzo como emblema y ganando 2-0 al América de Cali, levantaba su segunda Copa Libertadores. Francescoli se transformaba en una leyenda y gloria riverplatense.

En 1997 cosecha el tercer tricampeonato en la historia del club. En el partido consagratorio ante Vélez por la anteúltima fecha, anota los dos goles de la victoria. Ésta fue la última participación de Francescoli en un partido oficial con la camiseta de River Plate. Ese año también levantó la Supercopa Sudamericana.

El 18 de febrero de 1998 anuncia su retiro y un año más tarde, el 1 de agosto de 1999, en un Monumental repleto con más de 60 mil almas, Francescoli se despedía de su gente. Las camisetas y una enorme bandera rezaban la frase “Eternamente gracias”. Entre los fuegos artificiales y los cantos incansables de la multitud millonaria, este “flaquito”, que se convirtió en Inmenzo, daba el último adiós ante su gente.