El toque Ramón

Nadie conoce más el ADN de River que Ramón Ángel Díaz. Y cada día se nota más. La locura dirigencial hizo que el Millonario estuviera 10 años, y algo más, sin él en el banco. Y él, a pura muestra de cómo se encaran los partidos en River, no para de dejar claro el error cometido por Aguilar primero, y por Passarella después.

El partido ante Belgrano era uno de esos para empate, o uno de esos que se termina perdiendo inexplicablemente. Pero lo ganó. ¿Cómo? Desde la cabeza. Con la cabeza. Desde lo mensajes desde el banco. Sin pensar en “puntitos inteligentes”. Entendiendo que con un hombre menos igual se puede. Sabiendo que rearmando la línea del fondo las fuerzas se equiparaban porque Belgrano no es de poner demasiada gente en ataque y los 4 defensores los iba a mantener. Y entonces, con un Rojas que es el Rojas que se buscó el año pasado y que recién ahora aparece, con Vangioni jugando de 3 y con Ledesma y Sánchez parados de 5 y 8, solucionó todo. Y en cuanto se puso arriba con ese misil de Vangioni repensó el partido. Y entonces recurrió a las fuentes, al ADN, a eso que entiende como casi nadie en River. Y fue por más. Y sacó a Trezeguet y puso a Funes Mori y enseguida sacó a Mora y metió a Luna (y de pasó dejó claro que lo va a utilizar y que no quiere que se vaya). Metió dos delanteros por dos delanteros pese a tener un hombre menos. River. Esencia River. Simplemente eso.

Todos los mensajes que se mandan desde el banco son de ese estilo. Ofensivos. Para ganar. Casi sin medias tintas. Ramón se toma sus tiempos y hace los cambios. Y cambia para ganar. Siempre. Entiende el juego. El juego de River, claro. Y los jugadores captan ese mensaje. Es su toque. El toque Ramón.

Ya podemos hablar de un Monumental que explotará el domingo que viene. Que tendrá el color de siempre. Porque el hincha se entusiasma. Y no solamente por los 3 puntos, sino también por las formas en la que se logró. Porque encima el ‘bonus’ de este partido lo tuvo el rival. Porque, guste o no, el encuentro ante Belgrano tenía morbo. Y River le ganó a su bestia negra.

Cualquiera de los que somos fanáticos de la película Rocky, justificamos la VI por dos cuestiones: la musiquita que volvió a sonar y el diálogo con Poly (el cuñado de Balboa) en el que ambos hablan de sacarse la bestia de adentro en una insólita pelea más ante un joven y campeón contrincante. Bueno, River se sacó la bestia de adentro. A ese equipo que le trae el peor de los recuerdos y que le dio el peor e imborrable golpe de su exitosa vida; a ese rival que en el primer partido en Primera lo recibió con otro cachetazo como para marcarle el camino y humillarlo una vez más; a ese Belgrano que nunca podremos olvidar, a ese le dio un buen golpe en el Mario Alberto Kempes. Y le ganó. No borró ni borrará jamás lo que pasó. Pero se sacó un clavo de encima. Se dijo a sí mismo que se puede. Se convenció, aún más, de todo lo que esa camiseta puede. Del respeto que infunde. Se sacó la bestia de adentro. No tengo dudas de eso. Por el efecto Ramón. Por el toque Ramón. Porque River siempre es River, pero en Córdoba volvió a ser. De la mano de casi el único tipo que entiende todo lo que es River. De la mano de Ramón Ángel Díaz, un único héroe en este lío.