Hazaña en la cuna del fútbol

Hace 61 años River se convertía en el primer y único club argentino en imponerse ante un equipo inglés en sus tierras. En la memorable gira europea de 1951/52, derrota 4-3 al Manchester City y hace historia.

Maine Road, Manchester, el sitio de la epopeya. En una tarde típica inglesa, con lluvias intermitentes, el campo de juego era un verdadero barrial. “Qué fulero estás Labruna”, le chicaneó Machín luego de ver al Feo repleto de barro en un episodio del encuentro.

El equipo dirigido técnicamente por José María Minella, formó con: Amadeo Carrizo; Ramos, Soria; Yácono, Spada, Ferrari; Vernazza, Prado, Gómez, Labruna y Loustau.

Los goles no tardaron en llegar. A solo seis minutos del silbatazo que dio lugar al comienzo del encuentro, Ángel Amadeo Labruna remató a gol y convirtió la primera anotación. Los espectadores allí presentes –no todos- tuvieron que esperar otros seis minutos para ver como su equipo caía, a los 12 del primer tiempo, por dos tantos contra cero.  Nada pudo hacer el arquero Trautmann ante aquel delantero que, inclinando la joroba, siempre hacía que la redonda bese las redes.

No todos. Entre los miles que colmaban las tribunas, un grito de acento criollo se dejó escuchar “¡River! ¡River”. Sí, argentinos en el Maine Road alentando por ese equipo que estaba dando cátedra en la cuna del fútbol. Aquella treintena de simpatizantes eran marinos de la fragata “Presidente Perón”, que habían recorrido 400km para acercarse al lugar de los hechos.

Como si tal presentación fuese poca, el ataque riverplatense no guardó piedad y continuó con el asedio. A los 30 minutos de la misma etapa, Santiago Vernazza recibió un balón de Walter Gómez y, ante la marca de dos defensas, venció con un impresionante remate, por tercera vez, la valla británica.

Pero Manchester no estaba muerto. A pesar de encontrarse con un resultado por demás desfavorable y bajo el dominio de River Plate en el trámite del partido, el artillero “cityzen”, Meadows, descontó a los 35 minutos.

Aquel tanto no detuvo en absoluto a un River que parecía llevarse todo por delante. A tres minutos de que bajase el telón del primer tiempo, el uruguayo Walter Gómez estiró la ventaja una vez más. Así, el equipo se fue al entretiempo mojado, cubierto de barro, pero con una goleada histórica a cuestas, que estaba a 45 minutos de consumarse.

El equipo de Minella siguió dominando las acciones del encuentro, pero sin poder llegar al gol. A los 67 minutos, los blues lograron quebrar por segunda vez la defensa millonaria y anotaron el descuento. Siete minutos más tarde, en fallo polémico, el árbitro Reginald Mortimer señaló penal para los locales. Según relata un presente, fue un empujón similar a los 10 o 20 que habían recibido Labruna y Gómez a lo largo del encuentro. Clarke fue el encargado de cambiar el tiro desde los doce pasos, por gol.

Lejos de caer en el juego sucio y la desesperación, los héroes siguieron dejando alma y vida en cada pelota, ratificando la superioridad que River había labrado desde el minuto cero. Los minutos corrieron. El partido terminó. River Plate hizo historia.

Entre lágrimas se vivió en la intimidad del vestuario. Fue una voz particular la que, llena de emoción, describió el hito en unas pocas palabras:”Por fin pude cumplir con esto. Hace veinte años que lo tenía metido aquí (señalándose el corazón) y hoy mis anhelos se han cumplido”, Antonio Vespucio Liberti.

Este fue uno de los tantos partidos que formaron parte de la exitosa gira por Europa, que se llevó a cabo entre el mes de diciembre de 1951 y el mes de febrero de 1952. En ella derrotó a equipos como el Real Madrid y Nápoli. Triunfó, además, en tierras italianas, francesas, suizas y portuguesas. Cosechó un total de 6 victorias, 7 empates y una sola derrota, en su primer partido ante el Athletic de Bilbao.

Fue sin dudas el encuentro aquí relatado el que le valió a este periplo por el Viejo Continente, esa migaja de histórico, épico y memorable, que estos insignes caballeros se encargaron de hacer realidad.