¿Cuál Trezeguet veremos?

Hace un año todavía no había debutado con la camiseta de River. Su nivel era una incógnita como también lo es hoy. Sus primeros doce meses fueron vertiginosos, cambiantes, y por eso ahora nuevamente está frente a un desafío. El de saber si el Trezeguet verdadero es el que conocimos en esos últimos seis meses en la B Nacional (los primeros seis suyos con la banda roja) o los que vivió ya con el equipo en la A, en el Torneo Inicial.

Cuando firmó en Núñez, la duda se posaba sobre su estado físico después de un paso con poco éxito en el Hércules y el exilio en Emiratos Arabes. Encima, de entrada, un tirón en los amistosos de verano lo retrasaron en la carrera y arrancó el año como suplente. Sin embargo, su aparición fue impresionante, arrolladora, marcando una diferencia muy grande por encima de los rivales y también de sus compañeros. Así se ganó el puesto y su protagonismo en la cancha fue una curva siempre en crecimiento con el pico máximo en la despedida de la BN con esos dos goles a Almirante Brown que abrocharon el regreso a Primera. En un semestre se ganó las ovaciones y hasta la idolatría llevada a la piel de varios hinchas, que se tatuaron desde su cara hasta su firma, o algún otro que le puso David a su hijo recién nacido.

Tanto nivel tentó al propio Almeyda a armar el equipo a su alrededor. Según dijo, ése fue uno de los motivos para bajarles el pulgar a Cavenaghi y Domínguez. Le dio la cinta de capitán también. Pero su goleador y figura se mancó. No fue el mismo. Las posibles lesiones que se imaginaban para el comienzo aparecieron en la segunda mitad del año. Para colmo, se sumaron ausencias por sus problemas matrimoniales, con inoportunos viajes a Francia incluidos, y sus últimas presentaciones dejaron una imagen muy pobre. Así pasó de los 13 goles en 19 partidos en la B, a los 10 juegos y apenas un grito en Primera.

Ahora, la pregunta de hace un año se repite: ¿qué Trezeguet veremos? ¿El fino goleador? ¿O el machucado? Por supuesto, ojalá sea la primera opción. De entrada, Ramón lo miró de reojo y no le dio privilegios. Después, también le confió la cinta de capitán y lo imagina titular en el primer superclásico del año. Por el bien del equipo, River necesita que sea el David que fue fundamental para el regreso a Primera. Es grato que quiera quedarse en el club una vez que se retire, pero aún tiene dos años más de contrato. Entonces, mejor pensar en verlo con la pelota. Pero con un nivel “importante”, como repite el francés, y no como se lo vio contra Boca en el Monumental, tal vez uno de sus peores partidos desde que pisó Núñez.