El año de la reconstrucción

No sé qué dirá Ludovica y el horóscopo chino o qué pronosticarán Lily Sullos, Horangel o Blanca Curi cruzando el 25 de mayo de 1901 con Saturno, Júpiter y Venus. No soy de los que se guían por esas cosas, pero el gurú Ramón determinó que el 2013 tiene que ser el año de la recontrucción para River.

Su campaña empezó desde el momento mismo que asumió y continúa profundizándola en este inicio de pretemporada, con cada declaración, con cada palabra, con cada gesto. Ya se dijo que le Pelado enterró el objetivo de los 30 puntos para obligarse a pelear el campeonato, cuestión básica en la historia riverplatense. Y, propiedad transitiva básica, añora y desea volver a jugar la Libertadores. También va a querer ganar la Copa Argentina, después de que Boca se haya quedado con la primera. Ya pasaron más de cuatro años de la última vuelta olímpica de River, en el Clausura 2008. Y la Libertadores 2009 fue la última participación internacional, con despedida insólita, en primera fase, como ya había ocurrido en el 2007. En un proceso de descomposición que comenzó a mediados del 2005, momento en el que se fueron Mascherano y Lucho González y se empezó a reforzar, en general, con jugadores que no estaban a la altura de River.

Para concretar esas metas que se propuso Ramón es que desde el primer día exigió y exige incorporaciones y no afloja en su insistencia, como corresponde a un entrenador que está convencido de lo que pretende. En ese plan de reconstrucción de las fuentes, es que Ramón quiere un 10, algo que hace mucho que River no tiene. Es cierto que el Chori Domínguez vistió esa camiseta y lo hizo muy bien, pero no era el clásico enganche sino que se adaptó por necesidad. La presencia de un conductor es toda una señal, una apuesta a jugar otro fútbol, con más ideas, con otro estilo, más agradable a la vista del público y acorde con lo que los mandamientos millonarios mandan.

Más de años tuvieron que pasar para que el riojano volviera a Núñez, culpa de los caprichos de Aguilar y Passarella. Por suerte llegó el día de su regreso para encabezar la esperanza de que River vuelva a ser el que conocimos en otros tiempos. Es cierto que muchos adolescentes no la vivieron, pero los aseguro que se aplaudía a los que jugaban bien y no a los que se tiraban al piso. Se pronosticaba si el equipo haría tres o cuatro goles y no se especulaba con un puntito inteligente. Se festejaban campeonatos y no triunfos pasajeros. Ojalá que pronto vuelvan esos tiempos y el 2013 sea verdaderamente el año de la reconstrucción.