El día que volvió Angelito

 

Se cumplen hoy 38 años de un hecho que terminó por cerrar uno de los capítulos más negros en la historia del club. Ángel Amadeo Labruna asumía como técnico y, ocho meses más tarde, cortaba la racha de 17 años sin conseguir un título.

“Yo no vuelvo si no es para sacarlo campeón”, sentenció el Feo. Entre las exigencias de armar un River campeón, que demandaba la inversión en varios jugadores de renombre, y la poca convicción de los mismos dirigentes que cuatro años lo habían echado como a un perro, se dilató la llegada del ídolo.

“Todavía no firmé y no pienso hacerlo si no consigo el respaldo total que necesito. No tengo la varita mágica y para salir campeón necesito refuerzos. Si el club no se mueve para conseguirlos, ni soñemos con River campeón”, clarito. Sin embargo el presidente, Aragón Cabrera, era optimista.

“Si tuviera a cualquiera de estos cuatro, no habría problemas para firmar ya mismo y comprometerme a salir campeón ¿No es cierto?”, bromeaba Angelito al posar su vista en una foto en la que se encontraba junto con Pedernera, Moreno, Muñoz y Loustau, la formación de la delantera de La Máquina.

Otra cuestión, pero no un obstáculo, era su contrato vigente con Talleres de Córdoba, “Allá me quieren retener a cualquier precio. Sabe muy bien que no me estoy haciendo el interesante. Que volver a River y como ganador es lo que más quiero en mi vida”. Lo único que quería era volver y terminar con los años de sequía.

Tal era la necesidad de refuerzos de jerarquía, que Ángel veía prescindibles a prácticamente todos los jugadores del actual plantel, salvando a Fillol, Passarella, Más y Morete. Admitió tener una propuesta para un trueque entre el Beto Alonso y Santiago Santamaría, de Newell´s, y que estaba dispuesto a realizarlo. Por suerte no se efectivizó y quedó solo en una propuesta.

“Con tres pases, dos gambetas y un tiro al arco no alcanza. Si alcanzara con eso, me cambio y juego yo”, refiriéndose al juvenil Alonso.

Para reforzar la defensa pidió a jugadores como Perfumo, Ártico y Comelles. “Necesito hombres preparados para jugar bien en cualquier lugar de la cancha, cubriéndose y apoyándose mutuamente. Y esto no es fútbol moderno: es fútbol de siempre”. Labruna tenía bien en claro lo que quería de su equipo y cuáles eran los jugadores indicados para esta misión.

“Si de todos los que hemos nombrado se consiguen cuatro o cinco, entonces sí: firmo, doy la vuelta olímpica con River campeón y me retiro del fútbol, porque ya habré conseguido todo lo que quería”. Palabras mayores.

Se puede decir que la dirigencia cumplió con creces las exigencias de Angelito. No solo armó al equipo que ganó el Metropolitano de aquel año, si no que también se coronó en el Nacional, logrando el bicampeonato. Luego iba a conseguir el Metro 77 y el segundo tricampeonato de la historia (Metro y Nacional 79 y Metro 80).

Por algo es el más grande. En momentos donde River navegaba por aguas turbias, supo tomar el control de aquel barco y llevarlo a los lugares más hermosos. Su mente ganadora, su cabeza que pensaba siempre a lo grande, a lo River, fueron el condimento más indispensable de aquella épica guapeada del Feo.

Fueron seis los títulos que cosechó como técnico, situándose así entre los más ganadores, igualando la línea de José María Minella y solo por detrás de Ramón Díaz. Maestro, genio, ídolo