La mano maldita

Fue un 22 de diciembre del año 1968, ya habían pasado once largos años desde el último torneo en el que se había coronado River, para colmo, con un tricampeonato. La tarde en la que el árbitro Guillermo Nimo le cortó la ilusión al Millonario.

El Torneo Nacional de aquel año finalizó con un triple empate en la primera ubicación. River, Racing y Vélez debían definir todo en un triangular.

Los tres partidos correspondientes al desempate se jugaron en el Gasómetro, estadio de San Lorenzo. En la primera fecha de esta definición, la Banda derrotó por dos goles a cero a su par de Racing. Los goles los anotaron Dominichini y Más.

Un 22 de diciembre, River y Vélez se ven las caras. Los únicos que podían ser campeones aquella tarde eran los dirigidos por Ángel Amadeo Labruna. Una victoria podía cortar la extensa racha sin títulos que, finalmente, mantuvo en vilo al club de Núñez hasta 1975.

Pero no pudo ser. A los 11 minutos de la primera etapa Vélez se puso en ventaja con gol de Luna. Sin embargo, a los 33 minutos, también del primer tiempo,  Daniel Onega puso el marcador igualado en uno.

De todas formas, la nota la iba a dar el árbitro Nimo cuando faltaban diez minutos para que finalice el encuentro, en uno de los fallos más trascendentes y polémicos en la historia del Fútbol Argentino.

River tenía la posibilidad de ponerse en ventaja con un córner desde la izquierda. En un mal cálculo, el arquero Marín queda descolocado dentro del área y un jugador riverplatense remata a gol. En una verdadera atajada, como si tuviese los guantes puestos y la “1” en la espalda, el defensor fortinero, Luis Gallo, detuvo el disparo que indefectiblemente debía ingresar en la valla rival.

Ante el desconcierto, los jugadores increparon al árbitro al grito de “¿Qué cobraste?”. Contra cualquier pronóstico, Nimo anunciaba “Penal a Recio, penal a Recio”, lo que hubiese significado penal a favor de River. Pero nada de eso ocurrió.

El absurdo réferi dio por terminado el partido varios minutos antes, dejando así a River sin la posibilidad de campeonar aquella tarde.

Una semana más tarde, Vélez tuvo la oportunidad de salir campeón por primera vez en el profesionalismo y no la dejó pasar. Derrotó 4-2 a Racing y se coronó por tener más diferencia de gol que River.

El insólito y erróneo fallo que le costó a River siete años más signados por la angustia y la mala fortuna.