Los golazos volvieron con Ramón

River era la misma apatía que con Almeyda, pero en un abrir y cerrar de ojos, Lanzini y Sánchez metieron dos goles de otro partido y el debut del riojano más famoso fue con éxito: 2 a 0 a San Martín de San Juan.

El clima cambió. Jugando mal, River ganó. ¿Será Ramón que tiene esa aura que siempre lo acompaña cada vez que está en Núñez por más que su tercer bautismo haya sido en San Juan? Porque, a no engañarse, el equipo fue la misma apatía que con Almeyda. Un cuadro híbrido, sin juego, con poca profundidad, con errores defensivos graves y nulas llegadas.

Pero el fútbol es así. Es contagio. En las buenas y en las malas. Es también cambiar el chip para algunos jugadores que venían en baja y llenos de desconfianza. Uno de ellos era Lanzini, quien vegetó en el torneo actuando como tres bis y no como enganche, donde más cómodo se siente. Con Ramón jugó de 10. Lo venía haciendo mal hasta que metió un golazo.
Porque en San Juan, donde hubo 44 grados de sensación térmica, fue la tarde los goles. Luego del de Manu llegó el de Sánchez, con una bomba desde afuera del área.

Desde lo táctico hubo algunas innovaciones, aunque desde el desarrollo no existieron grandes modificaciones. El primer equipo de Ramón fue más bien clásico, lejos del 4-4-2 de Almeyda. Línea de 4, un solo 5 (Ponzio, ahora con más responsabilidades defensivas que de creación), dos volantes con más juego que marca (Solari y Sánchez), un enganche y dos puntas, quienes no jugaron en Cuyo. Luna y Funes Mori vivieron a contramano todo el partido.

El primer tiempo fue flojísimo y el cuadro de Perrone pudo haberse ido en ventaja. Osorio tuvo tres chances claras y Luna manejó el ritmo del partido a pesar del horno que era la cancha. Por su parte, la mejor acción de River fue un centro atrás de Martínez que el mellizo no pudo conectar.

El cambio de Rojas fue clave y determinante en el resultado. Por primera vez en seis meses, el ex Godoy Cruz hizo ancha la cancha y metió el pase atrás en el gol de Lanzini. Uno de los golazos, quedó dicho. Cuando llegó el otro, el de Sánchez, River se afirmó y pudo haber ampliado la distancia en el marcador si no fuera por la impericia de los puntas.

Cuánto trabajo tendrá Ramón por delante. No le puede errar a los refuerzos. Y debe potenciar lo que tiene. Pero terminar el año a un punto (29) del objetivo chiquito que se había puesto el anterior cuerpo técnico, es un consuelo. Lo bueno es que volvió el riojano. Que se cambió el chip. Y que volvieron los golazos. Jugando bien o jugando mal.

Imagen: Nicolás Aboaf.