Se veía venir…

El final del ciclo de Matías Almeyda contó con varios indicios en la previa que lo hicieron menos sorpresivo. Un repaso de los hechos que llevaron al desenlace más anunciado de todos.

Si de algo no quedan dudas es que el paso de Almeyda por River no pasó desapercibido. Aunque las contradicciones fueron más protagonistas que sus aciertos como entrenador, la historia marca que fue el técnico con el que River volvió a casa. Más allá del cómo, va a ser su apellido el que quedará en los libros.

Sin embargo, con el Pelado se da un fenómeno raro. A pesar de haber sido el DT de mejor campaña en el último tiempo (tampoco se necesita tanto), en este caso los números no se llevan bien con la realidad. Porque fue muy discutido y porque el final de su ciclo podía sentirse hace rato.

Su inicio como entrenador ya comenzó desprolijo. La herida de River estaba al rojo vivo, sin signos de cicatrizar cuando Almeyda ya asumía como entrenador. Su falta de experiencia provocó dudas y se sintió durante todo el campeonato. Se sufrió hasta el último minuto, pero se logró al objetivo con poco margen y con un plantel ampliamente superior que cualquier otro en la categoría.

Después, llegó el momento más desafortunado de su historia en River. La partida de Cavenaghi y Domínguez es la mancha más grande de su mandato. ¿Qué puede decir Almeyda de Passarella si su manejo con ellos fue igual de pésimo? Poco, los dos referentes máximos, los que lo apoyaron y fueron claves en el ascenso se iban por la puerta de atrás.

Hasta ese momento, las contradicciones del DT a podían escribirse en esos rollos interminables propios de los dibujitos animados. En la Primera, siguió sumando varias más. Ni el pobre objetivo de los 30 puntos se pudo conseguir, muy poquito para un River que no quiere sufrir más.

Promediando el torneo, hasta Passarella tuvo que salir a respaldarlo. Aunque con palabras poco creíbles. Por atrás, se sabe, los dirigentes ya no querían saber más nada con Almeyda en el banco. Y empezaron las reuniones con otros entrenadores. Obviamente el DT lo percibía…

De hecho, comenzaron las declaraciones cruzadas. “Yo no me voy a ir, me van a tener que echar”, desafiaba. “Veo cosas raras”, “Todos sabemos cómo son los manejos” y varias frases más del técnico que dejaban al descubierto cuál iba a ser el destino final.

En las últimas horas, Passarella lo llamó por teléfono y le comunicó la decisión. Este mediodía se reunirán en el Monumental para ultimar los detalles de su salida. Desprolija y anunciada. Una despedida acorde a esta gestión y a los manejos de su hombre más fuerte.

Imagen: Nicolás Aboaf