Antonio Vespucio Liberti, la vida de un soñador

Se cumplen 34 años del fallecimiento de uno de los pilares más importantes del Club Atlético River Plate. Un visionario, un fundador, un valiente.

Nació en 1902 y se despidió un 22 de noviembre de 1978, a los 76 años de edad. Su primera oportunidad como presidente de River llegó en 1933. Luego sucedieron tres períodos más en 1939, 1943/52 y 1960/67, convirtiéndose así en el hombre que más tiempo ocupó el sillón presidencial, con un total de 23 años.

Un valiente. Sin ser el principal dirigente, en 1931 impulsó la compra, por un dineral, de un joven de Sportivo Buenos Aires.  Fue nada más y nada menos que Carlos Peucelle, quien permaneció diez años y ganó cuatro títulos en el club. Al año siguiente, en 1932,  Liberti insistió nuevamente en invertir una gran cantidad de plata por un delantero de Tigre. Fueron 35.000 pesos los que pagó por Bernabé Ferreyra, quien más tarde se convertiría en uno de los máximos exponentes riverplatenses junto a “Barullo” Peucelle. Así, luego de estas enormes transferencias, River se ganó el apodo de “Millonarios”.

Un fundador. El 13 de marzo de 1932 fue, sin dudas, uno de los días más memorables de la historia del club. Esta jornada no solo marcó el debut de Bernabé, si no también el debut de la banda roja. Fue don Antonio quien, en la previa del partido contra Chacarita, repartió entre los jugadores una nueva indumentaria que la institución jamás  iba a abandonar en más de 80 años de profesionalismo. Se dejó de lado la clásica camisa a bastones, dándole lugar a una con una banda roja cruzando el pecho de izquierda a derecha.

Un visionario. A partir del 20 de mayo de 1923, el estadio de River Plate se ubicó en la intersección de las calles Alvear y Tagle, en el barrio de Palermo. Tal proyecto fue impulsado por el presidente de turno José Bacigallupi. Aquella cancha nos albergó durante 15 años.

Con las llegadas de Ferreyra y Peucelle el estadio del coqueto barrio porteño quedó chico. Es que el revuelo que generaba la sola presencia del “Mortero de Rufino”, atraía a los aficionados no solo de River, sino de todos los clubes. Todos se juntaban para verlo a Bernabé.

De esta manera, Antonio había advertido unos terrenos en tierras ganadas al río, por la zona del Bajo Belgrano. Lo trataron de loco. Las abandonadas y pantanosas tierras no entusiasmaron al resto de los dirigentes. De todas formas se llevó a cabo la compra de los terrenos y, en 1936, se comenzó a levantar un coloso en las inhóspitas tierras que limitaban con el  Río de la Plata.

Para 1938, luego de un gran esfuerzo económico, el Estadio Monumental se inauguró un 25 de mayo. El sueño de Liberti y la ilusión de todo el pueblo Millonario se hizo realidad. Nadie pudo parar al “loco”.

El verdadero homenaje le llegó en 1986. Tras ocho años de su muerte, el mentor del “Estadio Monumental” recibió el más importante y merecido de los reconocimientos: la cancha pasó a llevar su nombre, “Antonio Vespucio Liberti”.