El Pelado en números

Con su salida confirmada, Pasión Monumental te acerca el balance de Almeyda como técnico de River. Aunque la estadística es favorable, fue un DT discutido por los hinchas. Aquí un repaso de sus 60 partidos como entrenador.

El ciclo Matias Almeyda ya es pasado. Los números lo colocan como el entrenador de mejor campaña en el último tiempo, pero la realidad muestra otra cara: la del técnico discutido, el que nunca pudo encontrar un equipo, el que defendió un estilo desde las palabras que nunca pudo plasmar en la cancha.

En total, de 60 partidos al frente del equipo obtuvo 29 victorias, 22 empates y 9 derrotas. O sea, el 60 % de efectividad.

En la B Nacional consiguió el campeonato con 73 puntos, producto de 20 partidos ganados, 13 empatados y 5 derrotas. En la Primera, sumó 23 unidades: ganó 5, empató 8 y perdió en 4 oportunidades. Lejos de los 30 puntos que pusieron como objetivo. En la Copa Argentina sumó de a 3 en 4 oportunidades e igualó una vez.Los números no son negativos. ¿Entonces?

Almeyda salió campeón de la B Nacional, pero sufriendo hasta el último minuto y con un plantel superior al resto de los equipos. Mucho le debe a Chacarita en esa historia. Después, perdió adeptos con la salida de Domínguez y Cavenaghi. Y en Primera, fue más de lo mismo. Más allá de que los refuerzos no fueron los ideales, el Pelado no logró regularidad. En 60 partidos, utilizó 54 formaciones. En este campeonato no repitió equipo ni una sola fecha y utilizó 27 jugadores. Demasiado.

El objetivo de los 30 puntos ya es historia. Encima, el partido contra Boca fue un empate con sabor a derrota y tampoco sumó de a tres en otros clásicos: perdió con Racing y empató con San Lorenzo e Independiente.

Números positivos, balance negativo. Suena contradictorio, pero es real. Aunque la estadística le guiña un ojo, el apoyo popular lo viene perdiendo hace rato y el de la dirigencia quedó claro que también. De River no se fue de la mejor manera, pero no quedan dudas de que comenzó un camino que tendrá muchos capítulos como entrenador, por el momento lejos de la camiseta que más quiere.