¿Quién manda en River?

Una semana atrás, a partir de aquella declaración del “está instalado que River juega mal”, decíamos que Almeyda empezaba a recorrer un mal camino, el que conduce al final de su ciclo, como ya lo habían hecho, por ejemplo, Cappa y Gorosito en sus últimos días en Núñez, queriendo culpar a los otros de los errores propios. Ni siete días en realidad pasaron para que el técnico siga dando muestras de que su etapa como entrenador de River está cada vez más cerca del adiós. Una fue el “premio” de dos días sin entrenamientos después del empate en Avellaneda. La otra, que Mora no haya pasado a hacerse una simple radiografía antes de irse a descansar a Uruguay para comprobar qué lesión sufrió en el pie.

Esos son síntomas de que ya todo no importa tanto como al comienzo. De que la autoridad está desgastada. De que el barco está flotando y los tripulantes, tachando los días para que llegue el último partido. Y mientras Almeyda analiza si quiere seguir agarrado al timón, los dirigentes buscan un nuevo capitán para no chocar dos veces con el mismo iceberg. Ya lo hicieron una vez y hundieron al Titanic. Se supone que aprendieron, pero desde hace varias fechas que vienen estirando una agonía de la cual todos parecemos ser testigos anticipados de lo que ocurrirá en el capítulo final.

Ahora, si los dirigentes están convencidos de que el ciclo de Almeyda está terminado desde hace varios partidos, ¿por qué no tomaron ya una decisión? La falta de autoridad también se nota en ese ámbito y así como son responsables por sus hechos, también lo son por lo que no hicieron. Acción u omisión. Porque en el mientras tanto, River sigue jugando y desperdiciando puntos (¡sumó apenas ocho en las últimas siete fechas!) que le pueden costar muy caro. Con una campaña similar en el Torneo Final, el equipo estaría con la calculadora en mano y mirando los resultados de Quilmes, Unión, Independiente y varios más…

Cuando los que tienen el poder para marcar una línea de conducción no cumplen con su deber, los de abajo comienzan a hacer lo que quieren sin importarles el resultado. Los brazos caídos son el peor síntoma que puede dar cualquier conductor, sea presidente, gerente, entrenador o director de una escuela. River necesita decisiones urgentes. Cambios. Dejar de lado egos y comodidades. Y empezar a pensar que lo más importante es la camiseta. El cartel del Autotrol, que da hacia la Lugones, es el fiel reflejo de este momento en Núñez: gastado, descolorido y sin que nadie se preocupe para que se vea mejor…