Sensación de horribilidad

Como si fuera poco con lo que se ve en la cancha, Almeyda hizo un aporte más a su confusión general que colaboró también con la indignación popular. Alejado de cualquier autocrítica, el técnico defendió el nivel de su equipo, aseguró que River no juega mal y que ese concepto está instalado por los medios. Al mejor estilo Aníbal Fernández le faltó decir que no es horrible, que sólo se trata de una sensación de horribilidad… El Pelado, con su declaración, empieza a copiar cosas malas de Passarella (que también acusó a la prensa de dar una imagen irreal de su gestión) o de otros técnicos (Gorosito y Cappa, por ejemplo) que cuando comenzaron a recorrer sus últimos días en Núñez encontraban en los periodistas a los culpables de todos los problemas del equipo.

Decir que la gente cree que River juega mal porque escucha a los relatores es subestimar a los casi 40 mil hinchas que despidieron al equipo con silbidos. Tal vez, el técnico piensa que la gente mira los partidos con los ojos cerrados y se expresa por lo que oye de la radio. Es tan preocupante que ése haya sido el análisis de Almeyda como que lleva 59 partidos oficiales como DT y todavía nadie sabe responder a qué juega River. Ni los propios jugadores, porque los cambios de titulares y de esquema son más repetidos que los Simpson en Telefé. Entonces, no se ve en el equipo un juego colectivo que lo distinga. Ante Argentinos, por ejemplo, era un conjunto cortado, con tres puntas allá lejos y con un hueco gigante por la izquierda (sin volante en ese sector y con la orden de que Martínez no pasar el mediocampo). Entonces, previsible, volcó todo su juego por la derecha y con una única idea: tirar centros. Nunca una combinación de toques, un desequilibrio en el mano a mano… Muy poco para lo que se espera de River.

El descontento de la gente habla más allá de cualquier análisis. No hay que ser un iluminado para darse cuenta de que el equipo de Almeyda no juega bien. El técnico sólo se sintió superado por Vélez (más que superarlo, lo bailó) y dijo que no es menos que muchos otros. Entonces, el problema de este caso es dónde el Pelado pone la vara. River debería compararse con Vélez, con Lanús, con Newell’s, con los de arriba. Ahora si se conforma con estar a la altura o ser un poquito más que los Argentinos, Rafaela, All Boys y Godoy Cruz, por nombrar algunos, su pensamiento es demasiado chico. Tan chico como el objetivo de llegar a 30 puntos, para el que ahora necesita ganar en las tres fechas que quedan del campeonato.

Hace mucho que River no juega bien. Con Almeyda en el banco, fueron muy pocas veces. Y lo peor es que el tiempo pasa y sigue sin encontrarle la vuelta. Se escuda en el trabajo de la semana (nadie duda de que lo hace), pero es evidente que los jugadores no le responden como él quisiera. Hay muchos futbolistas que no deberían ponerse esta camiseta, pero la usan igual. Lamentablemente no se puede hacer una limpieza general porque para el próximo torneo sólo hay dos cupos para incorporar.  Y la frase del diccionario futbolero dice que “es más fácil que se vaya uno a que se vayan 30”. El Pelado hace rato que coquetea con la cornisa. Ojalá se dé cuenta que se puede caer si da un mal paso y no porque lo vaya a empujar un relator.