La gente se cansó‏

El Monumental fue un hervidero: el apoyo de siempre se transformó en impaciencia en el segundo tiempo, con cánticos pidiéndoles energía a los jugadores y despedida con algunos silbidos. Hasta se la agarraron con el pibe Solari. 

El horno no está para bollos. El empate ante Argentinos (y sobre todo, el juego) saturó la paciencia del hincha de River. Es que el equipo de Almeyda no mostró absolutamente nada como para que el hincha, el que realmente ama la camiseta, le dé su apoyo.

Como siempre, y a pesar de lo incómodo del horario, el simpatizante de River acompañó, alentó, y recibió al equipo con la fiesta a la cual nos tiene acostumbrado. Pero, con el correr del intrascendente partido que estaban viendo, los murmullos comenzaron a bajar, se empezaron a transformar en insultos, y terminaron convirtiéndose en cantos que imploraban un poco de corazón.

Nuevamente el estadio recordó al presidente Passarella, al ritmo de “¡Passarella, la c… de tu madre, a ver si te das cuenta, que no te quiere nadie!”, mientras el centro de la popular callaba. El mismo sector que, ni bien entró el equipo al verde césped, recibió con amor al Pelado Almeyda.

A falta de veinte minutos, empezaron a caer los reproches expresos para los jugadores. “¡Pongan más huevo, pongan más corazón, porque esto es River, y hay que salir campeón, vamos los Millo, no le falles a toda tu gente!”, empezó en la popular y se extendió a todas las tribunas. Ahí, el equipo empezó a empujar dentro de la cancha, a pesar de que el sprint final no se pudo ver reflejado en el marcador.

Uno de los más resistidos, injustamente, fue el pibe Augusto Solari, quien luego de fallar en dos pases fue reprobado. Una muestra de cómo está el público hoy.

River empató, la gente se cansó, y despidió al equipo en silencio, con aislados silbidos y aún más solitarios aplausos.