Se lo empató solo

River fue superior y lo ganaba cómodo 2-0, pero no supo cómo cerrar el partido y los mismos errores de siempre llevaron a que Boca se lo empate 2-2. Sabor amargo.

Otra vez sopa. River agarra la piedra y se la vuelve a poner adelante. Y se tropieza. Y la vuelve a poner, y se vuelve a tropezar. No aprende, como los nenes. Y mientras, el hincha es el que tiene que soportar la misma historia con final para nada feliz.

No se puede negar que el nivel de juego fue bueno, sobre todo en la etapa inicial. La actitud desde el primer minuto fue buscar el arco de Orión, y la recompensa no tardó en llegar. Porque todavía no se habían acomodado en la cancha y Ponzio ya metía un golazo de tiro libre, con complicidad del arquero.

Y después, supo cómo manejar el partido. O por lo menos eso parecía. En el primer tiempo pudo haber metido algún gol más. Boca prácticamente no llegó. Pero no lo hizo y le dio la primera chance de vida al eterno rival.

En la segunda etapa, el Xeneize salió mejor. Falcioni apostó con Acosta por Clemente y se acercó con más peligro al arco de Barovero. Sin embargo, la suerte parecía estar del lado millonario y el encendido Mora, el mejor de la cancha, logró poner el 2-0.

Hasta ahí todo era perfecto. Clima ideal, la gente feliz, un triunfo importante, en casa, pero no… Los hinchas de River tienen que sufrir, esa es la ley primera. Y este equipo, colaborando con la causa, le siguió dando vidas a Boca.

González Pirez comenzó regalándole un penal a Silva, y el Pelado no perdonó, obvio. Almeyda hizo lo propio sacando al mejor jugador de la cancha. Y entre  todos ayudaron con esa maldita costumbre de no cerrar los resultados. Sólo Cirigliano se la llevó al córner para dormir el partido. Después, fue una lotería constante que le podía dar a la chance a ellos para empatar. Pero nadie pareció darse cuenta. Solamente los hinchas, bastante impacientados.

Y así fue, porque la lógica no sabe lo que es equivocarse. Es perfecta. Sólo hay que verla y en River parece que no pueden hacerlo. Por eso, en el final, cuando Lunati ya estaba más preparado para pitar que para señalar la mitad de la cancha, River le terminó de regalar la última vida. La del empate, la que no se festeja, pero se disfruta. Erviti fue el encargado de ahogar el festejo.

Y así, terminó una nueva película de ésas que los hinchas se cansaron de ver. Esa que se repite desde hace años. Esa que hace sufrir a la gente, que ya bastante tiene durante la semana. Se empató, no se perdió y hay muchas cosas positivas por destacar, es cierto.

Pero por favor, River, dejá la piedra en paz. Dejá de ponerla adelante tuyo para tropezarte. Los hinchas no se lo merecen.