Ortega tiene que jugar, Pelado

Así como hay futbolistas que la rompen los jueves, los famosos buenos jugadores de prácticas, también están los que la descosen en los clásicos. Esos que pueden andar mal, pero cuando se les presenta ese desafío, automáticamente se le vuelven a prender todas las luces. Y al revisar quién tiene esas condiciones para ponerse la camiseta de River y salir a comerse a Boca, el primero que aparece, el que más fresco está en la memoria, es Ariel Ortega.

El Burrito es ese jujeño que a los 20 años se fue dos veces ganador de la Bombonera, haciendo un gol en cada partido, sacando a bailar a la más fea (claramente la belleza no era lo que distinguía a Mac Allister) y yéndose casi campeón del Apertura 94. También es el ya experimentado de 33 que le hizo chocar las rodillas a Paletta con un caño histórico. El último ídolo millonario siempre tuvo la sabia inconsciencia para no pensar en la importancia de un River-Boca y entrar a la cancha como si fuera el picado de Navidad que juega en Ledesma con sus amigos. Esa frescura, esa naturalidad, ese sentir que estaba jugando a la pelota y no disputando un partido de fútbol, lo hacían libre, con la mente en blanco para regalar su fútbol sin asustarse de los colores ni de los personajes que tenía enfrente.

Hoy, Ortega ya anda por los 38 y aseguran que se retiró. Sin embargo, todavía no tuvo su partido homenaje. El Monumental aún no lo despidió. Su gente no le dijo adiós. No es cuestión de entrar en comparaciones, en si Trezeguet a los 35 y con la rodilla maltrecha puede ser más o menos que el ídolo que ya en los últimos meses jugó más partidos a beneficio que oficiales. ¿Pero no pagarías las locuras que piden los revendedores por verlo mañana con la camiseta de River? Al menos cinco minutos. Diez. Y si Almeyda se anima, un rato más también. ¿Qué otro jugador de este plantel puede fabricar una gambeta como las de Ariel? ¿Qué otro está tan curtido como él para estar en un superclásico? Mora puede vestirse de Burrito, tiene cosas para calzarse el disfraz y calar en el corazón del hincha. Pero Ortega hay uno solo.

“Yo les doy un consejo: que no dejen de disfrutarlo. Más que nada trato de sacarles presión”, contó Almeyda que les dijo a los más pibes. Entonces, dale, Pelado. Animate. Llamalo a Ariel, reconciliate y ponelo un ratito. ¿O creés que se va a poner nervioso? Es el inconsciente más lindo que vimos en los últimos tiempos. Yo sé que es difícil (y digo eso y miento, porque en realidad sé que es imposible), pero dejame soñar. Danos ese gusto. Llamalo y dale la 10.