De la galera y el bastón al casco y el pico

De los años mozos al crudo blanqueo de Aguirre: “Almeyda nos dijo que íbamos a resignar juego”. Federico Del Río, con más de una década cubriendo al millonario para Olé, analiza al “nuevo” River.

Almeyda anunció una nueva era, un nuevo River, y aparecieron los tres puntas que duraron el empate con Newell’s y la derrota frente a Vélez. Luego, la caída con Racing lo dejó groggy y revoleó los libros. Jugado, con la soga al cuello, apostó por la defensa de cuatro zagueros, un medio con más combate que juego y así cosechó seis puntos, con dos goleadas y la valla invicta. No es la cuestión analizar los vaivenes ideológicos del Pelado ni el nivel que mostraron Arsenal y Godoy Cruz en esos partidos sino pensar que ésta es la nueva era. Basta de caviar, bienvenida la mortadela, diría una Nannis con billetera pesificada.

Siempre directo y sincero, Martín Aguirre blanqueó los mandamientos que aparecieron en el vestuario millonario. “Almeyda nos dijo que íbamos a resignar juego para apostar a la contundencia. Ahora le damos la pelota al rival y esperamos en el medio para explotar nuestra rapidez”. Por el momento, a nivel resultados, la movida es inobjetable. En cuanto al funcionamiento, todavía está por verse. Por eso, comparar a este River con el del 86, es como creer que un nene que aprendió sus primeras palabras en inglés ya puede cantar como Jagger. Todavía hay preguntas a las que el tiempo les pondrá las respuestas: ¿alcanzará jugar así para superar a equipos más armados?, ¿River tendrá variantes y reacción el día que arranque abajo en el marcador?

Es cierto que algo similar a lo que hoy pone en práctica Almeyda se pedía hace no tanto tiempo. Fue cuando Passarella echó a Astrada y ya se sentía la imperiosa necesidad por sumar más allá de las formas. El presidente invirtió las prioridades y convocó a Cappa, buscando recuperar la identidad histórica. Pero no tenía herramientas (léase jugadores) para hacerlo y así le fue. En la vuelta a Primera, el mundo riverplatense esperaba un regreso a lo grande, que enterrara el pasado y que reapareciera en la A como el gigante que es. El propio Pelado también lo creyó y habló de apostar al futuro sin olvidarse del pasado. Pero tal vez después de medio torneo se dio cuenta de que él tampoco eligió las mejores herramientas para llevar adelante ese plan. Entonces, giró el timón sobre la marcha y armó un equipo pragmático que le permita sumar, que en definitiva era lo que necesitaba para salvar su cabeza. Si se la cortaban, no iba a comer caviar ni mortadela. Por eso, por ahora se conforma con el fiambre. Y para disfrutar del manjar futbolístico al que estuvieron acostumbrados por muchos años los hinchas de River, habrá que seguir esperando.

Por Federico Del Río