Ser de River

El lunes pasado hemos asistido a una de las manifestaciones populares más aglutinadoras de la historia del fútbol. Pocas veces se recuerda haber visto una movilización callejera que haya superado las 80.000 personas.

La convocatoria realizada al hincha de River a fin de desplegar la “Bandera más larga del mundo”, ha sido sin duda, un éxito total.

Todos los medios han exhibido al país entero y al mundo, el nivel de popularidad de nuestro club (el más popular del país).

En la franja horaria que fue de 12 hs. a 15 hs., River monopolizó los informativos televisivos y radiales, en un momento, pareció que todas las noticias se encontraban en el trayecto que une Libertador y Tagle con el Monumental. El posicionamiento mediático duró hasta entradas las 19 hs.

Las redes sociales se han hecho eco de esta empresa, convirtiéndose en uno de los medios de convocatoria más utilizado. Podían leerse numerosos comentarios en Facebook y también millares de twits que relataban la alegría de ser parte de aquella cruzada.

Ahora bien, conforme uno se adentraba en el análisis de estos últimos, percibía que si bien la gran mayoría de riverplatenses apoyaba la convocatoria a desplegar la bandera, había otros que consideraban a dicha movida una suerte de “racinguización” de River. Son los hinchas que podríamos denominar “ortodoxos”.

El llamado “mundo River” nunca fue fácil de descifrar, esto, resulta una verdad de perogrullo. Cuanto más se presume de entenderlo, más se cae en la cuenta de que siempre existe algo más por conocer.

Ser hincha de River no es igual a ser hincha de otro club. Mientras que para ser simpatizante de un club cualquiera basta la identificación con los colores y el deseo de ganar (o perdurar, según el caso), el hincha millonario, para ser considerado un “hincha verdadero” -al menos para los ortodoxos- debe comprender y comulgar con lo que daremos en llamar la “filosofía riverplatense”.

¿Y qué es esto?, una de las acepciones de la palabra “filosofía”, que utilizaremos por ser afín al concepto que queremos concretizar, la define como una “manera de pensar o de ver las cosas”.

Así el “verdadero hincha de River”-según la ortodoxia o el dogma- debe ser cultor de la denominada triple G (ganar, gustar, golear), es decir, no basta con ganar títulos, si no se consiguen dando cátedra de buen fútbol. Además, poco debe importarle si los hinchas “llenan la cancha o no”. Para el paladar negro ortodoxo, lo que importa es la calidad y no la cantidad. Además, las expresiones de amor que se manifiestan fuera del campo de juego no suelen ser bien vistas, ya que se consideran expresiones de “equipo chico o caído en desgracia”.

Debo reconocer que durante mucho tiempo fui parte de esa ortodoxia. Si bien aún sigo pregonando las 3G ya que no concibo un River sin estética en el juego, soy consciente que el mundo ha cambiado. Para que la “marca River” sea lo que debe ser, una “Top ten en el mundo” no solo debe ser, sino parecer, y para ello, debemos dejar de encerrarnos en un cosmos mítico o utópico y salir un poco más seguido al mundo terrenal.

Aggiornarse sin “transar” con el común, es el desafío del nuevo hincha de River. Esto se ha dado con el que podría llamarse “progresista de paladar negro”, quien a diferencia del “ortodoxo de paladar negro”, cree que ser popular y demostrar esa popularidad no desentona con la ecuación que todo hincha millonario debe ponderar EXIGENCIA=EXCELENCIA.

Dicho en menos palabras, la convocatoria y la popularidad, no deshonra al buen juego y a la grandeza.

En lo personal, respetando todas las formas de sentir la camiseta, considero que los extremos siempre generan fundamentalismos. Por ello digo, ni ortodoxo ni ordinario, paladar negro, pero progresista.

La mixtura es válida. Seamos River Plate, sabiendo que para ello es necesario alzar la bandera del buen fútbol y ganar, siempre ganar. Bienvenidas las expresiones populares que le muestran al mundo lo que somos y cuántos somos. Bienvenidas las canchas llenas y los picos de rating televisivo, porque demuestran la fidelidad a los colores y el liderazgo en el campo popular. Todo esto, repercutirá en el posicionamiento de River en el mundo y representará más ingresos en las arcas del Club.

Ya basta de confundir popularidad con populacho, le guste a quien le guste River es EL CLUB MAS POPULAR DE LA ARGENTINA, y estuvo demasiados años en un pozo reflexionando acerca de la dicotomía de cómo expresar la grandeza, si de este modo o de otro, si esto o aquello estaba bien o estaba mal, si era de equipo grande o de equipo chico.

Este mundo globalizado no entiende de códigos internos. Salgamos a la calle con el escudo y sigamos exigiendo ganar, gustar y golear. La combinación, ya he dicho, no es contradictoria.

Favio Assad (@Profe_k)