¿Qué hacemos con la pelota?

River tuvo la posesión, pero no supo romper el cerrojo que armó Caruso Lombardi. Fue un 0 a 0 ordinario, con pocas llegadas. Lo bueno es que no se perdió.

Hay que mirar para adentro. Caruso Lombardi es el antifútbol, le guste o no. Ya se sabía que San Lorenzo, por las cualidades de sus jugadores, iba a salir a buscar el punto. El drama, una vez más, es River. Cómo romper el cerco cuando se te meten atrás. De eso se trata la cuestión. Y el equipo de Almeyda no supo cómo hacerlo.

River fue previsible y lento. Sostuvo más que su rival el balón, aunque se repitió en el juego y no le sobraron ideas para quebrar el mar de piernas Azulgranas. Del equipo rápido que quiere Almeyda, nada. ¿O será que a este River le sienta mejor jugar de contra?

Pareció atado por la propuesta del rival. No desequilibró por los costados y no armó pequeñas sociedades. Se limitó todo a la tarea de Ponzio, que no es organizador. El volante juega bien, va para adelante y patea desde lejos. Pero puede ser una buena segunda guitarra, no el enganche de River. Porque de eso jugó Leo. Y el equipo lo sufrió.

Con Cirigliano impreciso y Lanzini atado a la banda, los delanteros quedaron aislados y prácticamente no contaron con chances de cara a Migliore. Lo del 5, uno de los más precisos, es alarmante. Lo del 10, que no es 10, no pasa sólo por su responsabilidad. ¿Cuándo Almeyda lo va a tirar a jugar donde más puede hacer valer su juego, de frente al arco poniéndole pelotas a Trezeguet y Funes Mori?

San Lorenzo regaló la pelota. Pero River no supo qué hacer con ella. En el primer tiempo tuvo el 80% de la posesión. El Barcelona se hubiera hecho un festín. Sin embargo, el Ciclón tuvo la chance más clara, con un tiro de Jara que pegó en el travesaño. River había sido un tiro de Ponzio que sacó Migliore y un cabezazo de Mercado que fue a las manos del 22, que se la pasó demorando el juego.

River, de local, sin enganche clásico y con laterales limitados para pasar. Mercado va, pero ir no es sinónimo de hacerlo bien. Ramiro Funes Mori no siente la raya como propia, al menos para ir arriba. Y, entonces, el juego, como pasó en la fría noche del Monumental, pasa a ser luchado y poco lucido.

Almeyda, además, no arriesgó desde el banco, algo común desde que conduce los destinos futbolísticos de River. Figurita por figurita fue el ingreso de Cázares por Lanzini, aunque el morocho fue más punzante. Lo de Villalva por Sánchez fue una apuesta, aunque el Keko ya demostró que es delantero, que hace la diferencia en los 20 metros finales de la cancha. El Pelado no gastó una modificación más. No consideró a Rojas y a Luna como alternativas cuando el partido pedía un sacudón.

Y, así, todo se consumió en un amargo 0 a 0. Lo bueno es que no se perdió.

Por Leandro Buonsante

Imagen: Nicolás Aboaf