Perdonalos Fernando, no saben lo que hacen

Una reflexión editorial de Pasión Monumental para una decisión incomprensible y anti popular. Cavenaghi, que volvió en el peor momento de la historia a poner la cara y fue el goleador del equipo, fue desechado por Almeyda y Passarella.

“Quiero darle una mano a River”…

El 7 de julio de 2011, todo River vio la luz en la oscuridad. Días antes, un hijo prodigo, con tanta jerarquía como amor por la camiseta, pidió a gritos volver a su casa para poner la cara en el momento más duro de la historia.

Aquel día, se oficializó el regreso de Fernando Cavenaghi. No solo dejó de lado la tranquilidad que le ofrecía su actualidad en Brasil, más allá de no tener demasiada participación en el Inter de Porto Alegre, sino que además hizo a un costado sus viejas diferencias con Passarella. Solo por amor a la camiseta. En una muestra clara de los valores necesarios para la reconstrucción no solo futbolística, sino que también espiritual de River.

Vale la pena recordar cómo se gesto su vuelta. En realidad, como el propio Cavenaghi la gestó. Passarella, en aquel momento devastado por la opinión pública, no podía negarse, aunque ganas no le faltaban. No aguantó la presión popular y mediática y terminó aceptando al jugador.

Su recorrido a lo largo de estas interminables 38 fechas fue, sin dudas, de mayor a menor. La llegada de Trezeguet, otro de enorme gesto, lo opacó. Almeyda, que nunca encontró el equipo, no supo potenciarlos juntos. Sin embargo, sus 19 goles, fueron un aporte indispensable con la causa llamada “resurrección”. Un dato que quizá muchos desconozcan: tras dos derrotas en los Superclásicos de verano y un empate frente a Almirante Brown, la imagen de Almeyda se debilitó. La dirigencia comenzó a mirarlo de costado. Cavenaghi y su amigo, Alejandro Dominguez, se plantaron ante el presidente. “Si se va él (por Almeyda), nosotros también”.

“A fernando estamos dispuestos a renovarle por uno, dos o tres años, como el quiera”…

Passarella, ególatra, autoritario, personalista, nunca se bancó a aquellos que puedan hacerle sombra. Cavenaghi, en esta actualidad, era una amenaza. Para la opinión pública, tendría más meritos que el propio presidente en el ascenso conseguido. Crease, o no, en estas cosas se fija el Kaiser, que ante la recurrente consulta de la prensa acerca de la renovación del contrato del 9, esquivaba el bulto.

¿Cómo haría para sacárselo de encima sin pagar el costo político? La respuesta, tiene nombre y apellido: Matías Almeyda.

“Con Passarella, voy a la guerra”…

Y fue nomás. Aduciendo cuestiones futbolísticas, totalmente cuestionables por cierto, decidió despreciar garantía de talento y goles por un simple capricho del presidente. La explicación, al menos, carece de sentido y alimenta las sospechas de una especie de “boicot” en contra de Cavenaghi e, indirectamente, en contra de todos nosotros, los hinchas de River. Almeyda, frontal, sincero, con códigos, hoy se alejó un poco de esas características que siempre lo distinguieron.

Perdónalos Fernando, no saben lo que hacen. Los hinchas de River, no te vamos a olvidar.