Prohibido olvidar

A un año del día más triste de la nuestra historia, debemos tener presentes a los responsables de haber manchado para siempre la historia de River.

26-J. Nunca los vamos a olvidar, sépanlo. Nunca.

Hace un año, a todos nosotros se nos murió un pedazo de cada uno. Nos arrancaron el alma. Sonará exagerado, pero el hincha lo va a saber entender. Nos arruinaron la vida o, al menos, gran parte de ella.

Simeone y su insólito logro de salir último con River. Jota Jota y sus miedos. Carrizo y sus errores tan determinantes como sus grandes actuaciones previas a cometerlos. Pibes para jugar la ida de la promoción en Córdoba. Pezzotta y el penal no cobrado más grande de la historia. Gerlo de 9. Fabbiani y las máscaras. Pero sobre todo José María Aguilar, Mario Israel y Daniel Passarella. Que nadie los olvide. Elija usted quién es más culpable.

Lo que los optimistas consideraban imposible -¿Cómo River, se va a ir a la B?- finalmente pasó. Y el mundo se vino abajo, al menos el nuestro, el de los hinchas de River. ¿Responsables? Abundan. Todos los que activamente participamos de alguna u otra manera del mundo River lo fuimos, pero lógicamente en menor grado que el daño causado por los principales protagonistas de esta parte negra de nuestra riquísima historia. El futbol y la política se unieron en la peor de ambas expresiones para castigarnos.

Aguilar e Israel fueron responsables por gestiones completamente sospechadas de corrupción, que arruinaron económicamente al club. Lo devastaron. Pintura para el estadio abonada con porcentajes de jugadores, el Locarno (un club suizo, fantasma, al que pertenecían varios jugadores que llegaban a River), el pase de Higuaín, la benevolencia de muchos medios importantes a la hora de criticar su gestión. Todo era raro, todo alimentaba la tragedia.

Por su parte, el otrora Gran Capitán, dejó muy claro que, como dirigente, de gran capitán tiene poco. Solo la soberbia y el autoritarismo. Soberbia que lo encegueció, al punto de no ver el abismo delante de sus propias narices. Una auditoría que de auditoría tuvo poco o nada. Bordagaray y solo él para jugarse la permanencia en Primera y siendo River, con todo lo que eso implicaba. Y un montón de otras cuestiones, como su patriada en la AFA, enfrentando a Grondona, desconociendo el mecanismo de un fútbol argentino tan contaminado. Eso culminó la obra maestra del terror.

Descendimos. Todo River, por un año, deambuló por la vida, herido. Aunque su pueblo siguió de pie, su gente, que maquilló el dolor estando en todos lados defendiendo su bandera. Hoy esa herida cerró, pero la cicatriz será eterna. A los que la causaron, no debemos olvidarlos. Nunca más.