Es hora de volver

Lloré muchas veces y volví a respirar. Grité de emoción en cada rincón. Le puse la cara a la vida todos los lunes de desazón y le conté al mundo sobre mi amor. Me vestí de la Banda de la cabeza a los pies. Viví todas las emociones que alguien se pueda imaginar. Volví a llorar y volví a reír de la misma manera. Discutí y perdí varias sonrisas pero gané en orgullo. Gané en ser como soy porque, sin importar lo que pase a partir de ahora, nada ni nadie pueden hacerme menos de River que hoy.

Hace trescientos sesenta y no sé cuántos días que el mundo se derrumbó. Puede parecer exagerado pero no lo es. Todo lo que conocíamos se vino abajo.  River como lo conocíamos se vino abajo y ¿acaso no es River el mundo? Tuvimos que llorar errores propios y ajenos hasta quedarnos dormidos pero no claudicamos; volvimos a empezar. Resurgimos de las cenizas como pudimos. Bien o mal, con aciertos y con errores, pero lo hicimos.

De a poco y todos juntos, todos lo que de verdad queremos a River, pudimos. Llegamos a donde estamos, como sea que estemos, pero al fin llegamos. Treinta y siete fechas de lágrimas y dolor. Poco importa en este momento el por qué o el cómo porque la pasión va más allá de todo; mañana será un nuevo día para preguntarnos qué pasó y volver a empezar. Volver a ser. Ser más grandes que nunca: ser River otra vez. Tener memoria. Aprender.

Lloré muchas veces y hoy respiré otra vez. Ya no hay tiempo para las excusas ni los lamentos. A pesar de la ansiedad, me tranquiliza saber que hoy es el día para volver. Es un nuevo día para volver a nacer. Ya no hay insomnio ni angustia que supere todo lo que vivimos aquel J26 ni todo lo que vino después. Ya no hay dolor que pueda ser más grande que aquel. Vamos, Millo, despertate. Es tiempo de volver a ser. Con el peso de la historia de River sobre la Banda y el corazón latiendo en todo el Monumental, despertate. Es hora de volver.