Una lágrima

River fue superado por Patronato y perdió 1 a 0. Tuvo chances, pero erró mucho en el primer tiempo y en el segundo careció de fuego sagrado. El Chori Domínguez malogró un penal y, así, el sufrimiento será hasta el final.

Desangelado. Híbrido. Sin ideas. Con llegadas a los tumbos. Carente de claridad. Eso fue River en Santa Fe, en una caída que puede costar cara. Porque un triunfo lo ponía a nada del ascenso. Y esta durísima derrota con Patronato vuelve a platear las dudas. Duele haber perdido, pero peor es la forma, la manera. Un River sin amor propio fue superado por Patronato.

Es cierto: por situaciones lo pudo haber empatado, sobre todo en el primer tiempo, cuando hizo figura a Bértoli, pero en el desarrollo siempre fue menos.

¿Qué más se puede decir? ¿Cómo no caer una vez más en la recurrente falta de temperamento que muestra River en partidos decisivos? La imagen futbolística fue pálida, desdibujada. Nunca este equipo fue garantía de sacar chapa en las bravas y esta vez no fue la excepción.

En un primer tiempo en el cual llegó muchísimas veces de manera clara frente al arquero rival, pero terminó siendo esclavo de sus propios nervios, de ese apuro que habitualmente no conduce a nada. Defensivamente y sobre todo en las pelotas paradas, dio incontables ventajas. Y por arriba terminó llegando ese puñal de cabeza que fue el gol de Acosta, con una defensa parada y un arquero que podría haber cortado el centro.

Vaya a saber, luego de una semana cargada de rumores, si Patronato jugó incentivado. Por lo que se vio en la cancha, los de Fuentes no necesitaron más que concentración, orden y saber aprovechar su momento. Nada más.

La segunda parte fue un concierto de errores, de desaciertos. La pelota quemaba, nadie se hizo cargo. Los pibes, Cirigliano, González Pirez, fueron quienes intentaron sacar adelante a un equipo que cuenta con otros hombres indicados para eso. Pero no aparecieron. Flojísimo Cavenaghi, Trezeguet llamativamente errático y con la pólvora mojada y una actuación alarmante del Chori Dominguez, que independientemente del penal errado y mal ejecutado, hizo casi todo mal durante los 90 minutos.

No queda otra. Hay que esperar una semana más y rezar, para los que creen, claro está. Porque si se toma en cuenta lo que se vio en Santa Fe, en este equipo cuesta creer.

Por Leandro Buonsante y Sebastián Leanza