Realismo mágico policial

No hay realidad que aguante o mejor dicho no hay ficción que suene verosímil si la historia se desarrolla en la última década del barrio de Núñez. Eduardo Sacheri, el Negro Fontanarrosa y el gordo Soriano, pueden rendirse a los pies del guionista de estos tiempos riverplatenses tan enloquecidos.

Todo arrancó con un jugador que ante todo el plantel dice que su mejor amigo, parte de ese grupo, intentó “seducir” a su propia esposa. Una charla de fútbol en medio de una definición de Copa Libertadores gira de un modo increíble hacia las piñas, los insultos y las separaciones.

Cuando esa narrativa empezó a agotarse, el guionista mandó al campo de juego a un jugador que le dijo a un técnico que mejor se vaya a su casa porque trabajaba mal, luego de advertirle que aquel “pata de lana” de la historia anterior no tenía perdón.

En el medio hubo que poner un poco de violencia con toques policiales, armas, venganza, vueltos de dinero y mucha cuchillería de pandillas. Algo de política con el presidente del club dando explicaciones ante los diputados, fue parte de aquellos capítulos iniciales.

Lejos de calmarse el asunto, apareció un ídolo con problemas de alcohol, que fue y vino en sus penares, que pasó de campeonar a ser rajado sin términos medios. Sin olvidar que hubo momentos donde la muerte pegó en el palo con aquel episodio en Mar del Plata del ídolo colgado de una ventana en un total estado de locura.

Tampoco paso desapercibido un suicidio tremendo del hermano de un jugador que cierta mañana salió llorando del vestuario porque el entrenador lo había separado. La bizarra aparición de un refuerzo avanzado en kilos que un día fue adorado y al otro apedreado, el extraño caso del equipo que pasó de la vuelta olímpica al último puesto sin paradas intermedia y el show del silencio atroz también tuvieron sus puntos de alta tensión literaria. La derrota y el descenso dieron otro paso adelante en el desarrollo de lo increíble e inesperado del relato.

Las últimas noticias llegaron este fin de semana, cuando los momentos de festejos quedaron envueltos con un jugador que en medio de la historia padece “un episodio hemorroidal”, con otro protagonista que se siente sólo mientras 50 mil personas lo aplauden y con un pibe de 21 años que termina apuñalado en medio del misterio más extraño.

La historia de la que nadie conoce su autor y sí a casi todos los protagonistas sigue pasando mientras los especialistas se rebanan los sesos intentando saber si todo este realismo mágico policial y tan trágico-cómico algún día tendrá su fin.

Por Leonardo Peluso (periodista Diario Popular)