Que manera de sufrir…

River lo parió hasta el final. Jugando mal, pero con mucho huevo, le ganó 2-1 a Boca Unidos y quedó puntero en soledad hasta que juegue Rosario Central. Los goles vinieron desde el banco: Ocampos y Rogelio Funes Mori. El equipo de Almeyda podría volver a Primera el próximo fin de semana. 

River, el más grande. River, galera y bastón. River, fútbol y toque. River, el más campeón. Hay cosas que el paso por la B Nacional jamás borrarán. La historia. La ilustre prosapia. Pero un día el manto sagrado se manchó. El estilo se perdió y pasó lo que pasó. Asumió Almeyda y prometió devolverlo. Hasta no lo consiguió. Aunque ya a esta altura, poco importa el cómo. Que manera de sufrir para ganarle a Boca Unidos. Que mal jugó River. Pero qué va… con huevos, sí, con huevos, el equipo logró tres puntos claves. Un espaldarazo fundamental para quedar ahí nomás de volver a Primera.

Traigan camas, corazones sobran. De urgencia. En el Incaucai, en las últimas semanas, se habrán anotado miles de hinchas de River. No dan más. Este equipo, esta realidad, te hacen poner los pelos de punta. Porque el equipo ganó y el Monumental, que por primera vez en 36 fechas se calentó con los futbolistas, se desahogó. Pero antes fue un manojo de nervios, con un River anárquico, un barco a la deriva…

El 4-2-3-1 de Almeyda fue puro vértigo. Nunca, los jugadores y el DT, se dieron cuenta que había 90 minutos y que había que tener paciencia. Ya Quilmes había hecho lo suyo el viernes, ganándole a Instituto y allanándole el camino a River. Pero la adrenalina del equipo pudo más. Los nervios envolvieron a casi todos. Y Boca Unidos le pudo ganar. Es más: mereció mejor suerte en el Monumental. Si no fuera por la impericia de sus puntas -Núñez y Visconti- que se perdieron dos goles increíbles, y de la pierna heroica del Indio Vega, hoy River se estaría lamentando. Con delanteros de otra jerarquía enfrente, River no se quedaba con los tres puntos. Que nadie dude de eso.

Ese equipo largo que fue River tuvo muchos dramas en los costados. Ríos aprovechó el campo que había entre Ramiro Funes Mori y Villalva, 40 metros de campo para ir con criterio. Y los conectores de Almeyda -Chori, Trezeguet, Keko- estuvieron desconectados. Tanto, que sacando un tiro de Villalva que se fue cerca, el resto de las situaciones fueron a los ponchazos. El único que intentaba bajarle el ritmo era Cirigliano, con pisadas y tocando en corto para crecer. Pero los demás iban al palo.

El ingreso de Aguirre por Sánchez no modificó el plan táctico del DT. Ponzio fue de 4 y el resto siguió yendo a la que te criaste. Hasta tiene sal este River. Un ejemplo: un tiro de Trezeguet era gol, pero pegó en… Cavenaghi. De no creer. Y al rato, dentro de esa anarquía hubo una jugada clave. El tiro de Danelón que Vega, como Fillol en el Mundial 78 (perdón por la exageración), sacó con su pierna izquierda. Era 0-1 y el Liberti ya ardía.

Almeyda movió más el banco. Y las alegrías vinieron desde afuera. A ver: Ocampos y Funes Mori desnivelaron por sus goles. No es que el funcionamiento le haya dado la razón al Pelado, pero lo cierto es que esa lectura, ese oler que los dos pibes estaban para ser la tapa del diario, resultaron determinantes.

En el medio, el terror, el miedo, la incertidumbre, el no poder creer lo que estaba pasando. Durmió González Pirez, lo anticiparon de arriba, Friedrich le puso toda la zurda a la pelota. Y 1-1 a ocho del final. Favaloro, volvé y atendé a los millones de riverplatenses.

Era la angustia. Era darle la razón -la tiene- a Almeyda cuando dijo que se sufrirá hasta el final y que estamos en manos de Dios. Ni el spa los tranquilizó. Pero se ganó. Con huevos. En el contexto actual, también vale.

Por Leandro Buonsante