Lo bueno y lo malo de la Copa

Después de la eliminación ante Racing, surge la pregunta: qué fue lo positivo y lo negativo de la participación de River en un torneo que no se animó a ganar.

Boca esperaba tranquilo en la final. Todos, o la gran mayoría de los hinchas de River (y los imparciales también), esperaban por un superclásico en el partido definitivo.

Aunque el equipo de Almeyda fue superior y mereció mejor suerte durante los 90 minutos, los penales le impidieron lograr el objetivo. ¿Solo los penales? No, también la intención de no animársele a una Copa que te llevaba a disputar nuevamente un torneo internacional.

Pero con la eliminación consumada, solo resta analizar lo bueno y lo malo de la participación de River en la Copa Argentina.

En el primer grupo, aparecen la presentación de varios juveniles que tuvieron la chance de concentrar por primera vez, de ir al banco o de debutar oficialmente con la camiseta millonaria: Diego Martínez, Luis Vila, Matías Kranevitter o Eder Álvarez Balanta. Una virtud irreprochable del Pelado es haber descubierto a varios jóvenes de las inferiores. Y el torneo fue una herramienta importante para continuar por esa misma línea.

Además, varios jugadores que no tienen la posibilidad de ser titulares en el torneo pudieron tener rodaje, más si se tiene en cuenta que no hay campeonato oficial de Reserva. González Pirez, Pezzella, Domingo, Ledesma, Villalva pudieron mostrarse y no estar parados.

Por último, la pasión de los hinchas en el Interior. Sin dudas, a cada lugar que viajó la gente recibió al plantel de la mejor manera y tuvo la oportunidad de disfrutar de su equipo, ese que solo pueden ver por televisión.

Dentro de lo negativo, aparece en primer plano el no animarse a ganar. Por historia, River tiene la obligación de salir a ganar todo. Aunque el objetivo es ascender -es una afirmación por demás obvia- no por eso se debe subestimar a las demás competencias. ¿Con los suplentes no se podía? Claro que sí, pero la intención no es la misma, el mensaje es diferente. En las instancias previas a la semifinal, alguno de los integrantes del tridente formó parte del equipo. Está bien: Trezeguet trabajó diferenciado, Domínguez no estaba en condiciones por un problema de salud, pero Cavenaghi sí podía hacerlo. Ponzio, Cirigliano o Sánchez, también. Además, quedar afuera es un golpe anímico negativo para el plantel, se pierde la mentalidad ganadora y el envión que hubiera significado pelear en dos frentes.

Pero lo peor de esta eliminación es el papel en el que queda el hincha que, sin lugar a dudas, quería enfrentar a Boca en la final, quería ganarle y jugar la Sudamericana. Y no quería sufrir un golpe más.

Como siempre, el más perjudicado es el hincha.

Por Antonella Valderrey