Las finales no se nombran, se juegan

Corría el año 2002. River enfrentaba a Lanús por la fecha 16 del Apertura 2002. Tras la derrota 2-1 en el Monumental empezaron los primeros insultos contra Manuel Pellegrini y la gestión de José María Aguilar, quien había sido elegido presidente en diciembre de 2001.

El hitazo terminaba “porque ESTO ES RIVER Y HAY QUE SALIR CAMPEÓN, al Ingeniero díganle que esto no es San Lorenzo”. Exigencia.

Cuando a Ramón Angel Diaz le preguntaron si seguía en River después de salir campeón en el Clausura 2002 dijo lo siguiente: “¿Si voy a seguir? Vamos a ver… tranquilos. Ahora sólo pienso en festejar. Conozco muy bien a la gente de River y acá SIEMPRE tenés EXIGENCIAS”. Exigencia.

“No podemos comprar jugadores baratos porque somos como el teatro Colón: no canta cualquiera”, decía el Gran Antonio Vespucio Liberti. Exigencia.

Y podemos seguir hasta el 2080 hablando de estas frases escritas por hinchas y por grandes referentes de la historia de nuestro club. Pero cuando la mediocridad le gana la exigencia, estás en problemas; cuando el conformismo, el punto de Jota Jota, empatar con Olimpo es bueno, estás en problemas; cuando no necesitás refuerzos y confiás que con Fabián Bordagaray estás bien, estás en problemas; cuando tu objetivo son 30 puntos sobre 57, sacás 26 y te condenaste a la promoción. Cuando hablan de finales contra Defensa y Justicia, Quilmes, Instituto, sos conformista y desconocés lo que significa una FINAL.

Hasta hace poco, en este semestre había dos FINALES en juego. Una era la Copa Libertadores, que desde el año 2009 no la jugamos y que la última vez quedamos eliminados en primera ronda con rivales como San Martín de Porres, Nacional de Uruguay y de Paraguay. La formación, para no olvidar, era: Vega en el arco, Gerlo, Nicolás Sánchez, Cabral, Ferrari; Domingo, Ahumada, Sambueza, Buonanotte; Falcao y Fabbiani.

El destino nos puso a un partido de la final de la Copa Argentina. Ayer, porque nos faltó David Trezeguet y voluntad de ganarla, no pasamos. Con David alcanzaba y sobraba. Con David hoy estaría sacando los pasajes para San Juan.

Hablaron tanto de las finales…y no jugamos ninguna este semestre.

River necesitaba GANAR la Copa Argentina. Para recuperar el prestigio, para jugar la Sudamericana, para ganarle a ellos, para festejar, para darle una alegría a la gente que tanto a apoya y copa cada uno de los estadios en que jugamos. River no juega una final desde el 2003 contra Cienciano y no gana una desde 1997, la Supercopa.

En RIVER hay que GANAR SIEMPRE. A ver si nos entendemos. Basta de mediocridad, de conformismo, de estamos mejor que el año pasado. Basta de “le ponen el pecho”. El pecho lo ponemos nosotros todos los días en la calle, en la facu, en el trabajo, en el subte, en el tren, en todos lados.

La exigencia te lleva a la excelencia, al tricampeonato, a la gloria. ¿Se acuerdan del “yo no festejo empates”, cuando le decíamos eso a los de enfrente?

Mi pregunta es: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuando River me vas a hacer dormirme triste y bajoneado? Te amo demasiado River y siempre me hiciste sentir la mejor persona del mundo.

En el 97 estaba en séptimo grado y cargaba a todos. No veo la hora de volver a cantar “dale campeón”

Depende de los dirigentes –principalmente -, del técnico que designan y de los jugadores que traen. O sea: depende de los representantes que los socios eligen. De la exigencia que parta de la tribuna, de nuestros mensajes y opiniones.

En síntesis, de nosotros depende.

Por Gastón Corti