El maltrato en primera persona

El crudo relato de un hincha que vivió el destrato de la policía rosarina.

Caos. No existe otro adjetivo para describir lo que se vivió en ese espacio con forma de porción de pizza que las autoridades del Club Atlético Rosario Central cedieron a la parcialidad millonaria con el nombre de platea. No se recuerda en los últimos veinte años semejante “entrega”, porque a los hinchas de River que habitaron ese sector, entre los que me encontraba, se los ha “entregado” a la parcialidad canalla.

Apenas ingresados a dicha parcela, los que tenemos algunos “años de cancha” notamos claramente que algo no andaba bien. El lateral izquierdo daba al foso que limitaba con la tribuna popular local, a no más de cuatro metros del corralito riverplatense, mientras que el lateral derecho limitaba directamente con la platea de la parcialidad local. La precaria separación se había realizado con chapas de madera de escasa rigidez y la única policía alojada sobre ese sector constaba de seis efectivos. Mientras, arriba (en el “tronquito” de la pizza) había una abertura de unos 50 cm., que nos dejaba a merced de cualquier lanzamiento furibundo.

Antes de iniciado el cotejo, desde la abertura mencionada comenzaron a arrojarnos líquidos de dudoso origen, excremento de perro, gaseosas en estado no gaseoso y orina humana que coadyuvaron a que la gente que se encontraba en el sector medio y bajo, al alcance de los energúmenos, tuviera que “correrse” hacia el sector alto, originando un tumulto incómodo y peligroso. La policía (los seis gendarmes rosarinos), miraban. Hubiera sido suficiente destinar una persona del club o un policía en el corredor para evitar los cobardes lanzamientos, pero resulta obvio que no le importó a nadie.

Ya a diez minutos de comenzar el encuentro, los que estábamos del lado izquierdo debíamos estar atentos a los proyectiles que “volaban” desde la tribuna centralista, sobre todo, para proteger a algunos niños que se encontraban en ese sector, ya que todos éramos un blanco fácil, puesto que nos hallábamos, como dije, apelotonados en la parte superior a fuerza de evitar los elementos nauseabundos que nos arrojaban. No había cordón policial en esa zona, una insensatez. ¿Los seis policías -rosarinos- apostados en nuestro sector? Miraban.

Terminado el primer tiempo comenzó una agresión gestual y verbal de la parcialidad “anfitriona” sobre el sector derecho (donde dividían las chapas de madera). Algunos hinchas millonarios respondieron a la provocación vociferando y “plantándose” en el límite de ambas tribunas. La policía miraba.

No es un detalle menor mencionar que en ese sector había no más de 120 riverplatenses (algunos hinchas ya se habían movido hacia la popular visitante) y que se encontraban merced a no menos de 15.000 hinchas locales (los que poblaban las tribunas lindantes). Imaginen la situación. Poco demoró en caer una de las chapas que separaban a las parcialidades y el conato de ingreso de la gente de Central a la platea visitante.

Ya a esa altura todo era un caos. Proyectiles que se arrojaban desde un lado, elementos que llovían desde arriba, gente visitante presta a ingresar a la fuerza en la platea millonaria, ruido de chapas que caían, asientos que volaban por sobre la cabeza de mujeres y niños e insultos desaforados pronunciado por personas con caras asesinas.

¿Los seis policías? Parados, mirándose entre sí con cara de ¿qué hacemos? Todo negligencia, todo destrato, todo desdén. La gente, ante la firme amenaza de invasión, comenzó a evacuar compulsivamente el lugar. En medio de tanto revuelo pudo verse a algunos vocales opositores (Patanián, Ballotta y Santilli) asistiendo a algunos rezagados (un dato positivo en medio de semejante estrago).

De pronto, más confusión y apelotonamiento. Parte de la barra de River, anoticiada de la situación, copó el sector, impidiendo que la parcialidad local invadiera la zona. Nobleza obliga, debemos admitir que ante la falta de control policial efectivo y el estado de desprotección en que se encontraba la gente, vimos ese ingreso como una suerte de alivio.

De ese modo, finalmente, se pudo evacuar la zona. Algunos pudieron acceder a la popular que se encontraba repleta. Otros aguardaron que termine el encuentro en los pasillos del estadio. Algunos se retiraron del lugar. No había policía, no había presencia de dirigentes locales, la “estrategia” quedó en manos de los referentes de la hinchada. Es así, aunque usted no lo crea.

El trato dispensado al hincha millonario por la dirigencia canalla y por la policía rosarina ha sido vergonzoso. Han “entregado” al plateísta millonario. Lo han dejado a merced de la turba santafecina. Nos han destratado, ninguneado. Justo es decirlo, también vale esta crítica como llamado de atención a la dirigencia actual. No se puede trabajar con tanto descuido. Las declaraciones ex post facto del departamento de prensa quedan muy bien, pero a los deudos no les sirven las palabras. Eviten el funeral. Obliguen con acciones firmes a que el resto de los clubes nos respeten.

Somos el club más popular de la Argentina, acá no se puede improvisar. Lo hicieron con la vergonzosa organización -o desorganización- montada para otorgar las entradas a los hinchas y lo coronaron con el desdén puesto en garantizar su seguridad.

Sepan que “ningunear” al hincha no es gratis. No quiero imaginar lo que puede suceder el próximo partido en que la parcialidad canalla visite el Monumental. La negligencia también genera violencia. Si algún inadaptado quisiera responder en su casa a las agresiones padecidas en Rosario, seguramente será detenido y sumariado. Junto con él, debería responder la dirigencia de Cental, la policía rosarina y nuestros directivos. Basta de cortar el hilo por lo mas fino.

A todo esto, una gran cantidad de simpatizantes que habían adquirido su entrada quedaron afuera del partido. Unos en la propia puerta de acceso, otros ni siquiera pudieron acceder a la ciudad ya que los micros que los transportaban fueron desviados por la policía local con el pretexto de que la capacidad del estadio ya estaba completa. Vergonzoso. Si el detenido fuera el suscripto le iniciaría a la institución rosarina una acción por daños y perjuicios, donde incluiría el gasto global erogado, el daño moral, etc. Ahora, si por ventura intuiría que esas entradas se negociaron a sabiendas de que superaban la capacidad disponible, el juicio sería criminal y por estafa.

Quiero hacer una sola excepción y es la de un dirigente rosarino (su vicepresidente segundo), quien estuvo presente en los playones de ingreso intentando colaborar con la organización del evento y evitando desmanes. Fue el único. Por supuesto, solo, nada pudo hacer, pero como se los critica cuando no actúan o actúan mal, también se debe destacar la tarea de los dirigentes que hacen honor a su emplazamiento.

Vivimos en un país que obtuvo dos campeonatos del mundo, cuya selección es integrada por el considerado “el mejor jugador del planeta”, que tiene el Superclásico mas popular del orbe. Pero desde la organización todavía andamos a caballo y comemos con las manos.

Quiero un país mejor, quiero otra dirigencia, quiero otra policía, quiero volver a las canchas de visitante sin preocuparme por dejar el testamento en el cajón.

Favio Assad (@Profe_k)