Vamos campeón, no le falles a tu hinchada

River obtuvo los tres puntos en el Monumental.  La gente, que protagonizó una vez más una fiesta en las tribunas, se fue aliviada con el resultado, pero impaciente y ansiosa por la irregularidad del  juego millonario.

Ya lo dijo el boxeador Sergio “Maravilla” Martínez: “River me hace acordar a mí hace unos años, River tiene hambre de gloria, y de volver a la gloria.” Él, que también había sido jugador de fútbol y goleador de muy joven. Él, que tiene en común con el hincha el “ser de River”, había sido homenajeado antes del partido. Así comenzaba otro capítulo, otro parto, otro sufrimiento para llegar al objetivo máximo. A estadio lleno, luego del empate de Instituto de Córdoba, esta noche, como siempre, había que ganar sí o sí.

En los pasillos del Monumental se veían caminando figuras como Mostaza Merlo y Amadeo Carrizo, todos asistiendo a lo que dicen muchos, y que a otros tantos les molesta, una “final” más.  No por el rival, no por el campeonato, sino por la presión. Es que ya no hay lugar para el margen de error. Y Almeyda se había decidido a volver al 4-4-2, sin el Chori Domínguez de entrada.

La gente acompañó al equipo en su entrada a la cancha. Los más ovacionados fueron Cavenaghi, el Chori Domínguez y David Trezeguet. El estado de ánimo era claro, era el mismo para todos: impaciencia y ansiedad. Así lo hizo sentir la hinchada con cantos como “que esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar” y el “movete dejá de joder, hoy no podemos perder”. Impaciencia, pero aliento.

Es que había quedado el gusto amargo del empate sobre la hora con Aldosivi, y si no se liquidaba el partido a tiempo, todo podría pasar, de nuevo, aunque juguemos contra el equipo que más derrotas había sufrido en todo el torneo. Porque no importa el rival, River juega contra River.

El equipo tuvo la pelota en todo el partido. ¿Por qué no se la pasan a Trezeguet?, imploraba un hincha. Hasta que apareció  el goleador, cuando se lo necesitaba, una vez más. Él, que vino para ser el Rey, que vino a conquistar los corazones millonarios. Él, que todo lo tuvo, él, campeón del mundo, aunque Francia no le había hecho sentir  lo que un Monumental lleno gritando su nombre.

Después del gol se vino el “que gane River todo el año es carnaval”. Los últimos minutos del partido duraron décadas. No se podía respirar tranquilo. Es que el hincha ya lo sabe, ya está convencido de que está condenado a sufrir hasta el final.  O como dice un cuento del negro Fontanarrosa, algún día el hincha va a morir de los nervios en la tribuna.

Cuando terminó el encuentro, los jugadores tiraron sus camisetas al público. Y la gente que se fue contenta, festejando el triunfo, porque necesitaba  sacarse de adentro la pequeña cuota de sufrimiento de todos los fines de semana. Pero también el hincha tiene en claro que el rival fue muy débil, y que el equipo no logra llevar al nivel de juego esperado. Se ganó, y es lo importante. Golear y gustar quedarán para más adelante, ya volverán. El mismo  Matías Almeyda había declarado en la semana que “una promoción seria infartante”.  Y el hincha de River, si supera este momento, quién sabe podrá renacer y vivir cien años más, podrá soportar lo que sea. Todo por  una pasión irracional, que solo la entiende el que lleva la banda roja en la piel. Y al final, siempre vale la pena.

Por Luciana Flesler

Imagen: Nicolás Aboaf / Pasión Monumental